Inexplicable actitud
por Lionel Moreno Guerrero
Friday, Nov. 02, 2007 at 9:24 PM
LA conducta del presidente Uribe respecto a las elecciones de alcalde en Bogotá es inexplicable.
Sus declaraciones en los días previos, interpretadas como un respaldo a Enrique Peñalosa, no se explican en un político con el mínimo de sagacidad. Las encuestas mostraban una intención de voto a favor de Samuel Moreno mucho más allá de los márgenes de error. ¿Para qué desgastar su prestigio en la defensa de una causa perdida? Muchísimos electores no sólo preferían al candidato Moreno por el simple hecho de gustarles más su programa, sino que a un número significativo de ellos les molestaba (y les molesta) Peñalosa en particular, quien, si bien, hizo algunas obras positivas para la ciudad, también enemistó a buena parte de la ciudadanía con su actitud prepotente y sus alcaldadas, a lo que se agrega su deseo de penalizar a los dueños de carros, de ponernos a todos a montar en bicicleta, de meter un Transmilenio por la séptima, donde no cabe, etc. Si Uribe creyó, o le hicieron creer, que bastaba poner su bien ganada popularidad en la balanza para invertir la opinión de las gentes, pecó, o de iluso o por soberbio, ofreciendo una oportunidad inesperada a todos sus opositores para que lo ataquen y debiliten durante los dos últimos años de su mandato.
Se ha comparado la situación de Peñalosa con la de Juan Lozano, también derrotado, a pesar del respaldo del gobierno. La gran diferencia es que Lozano no tenía malquerientes, aunque su contrincante le ganara en favorabilidad y su nombramiento no se vio como el deseo del Presidente de imponerle a la ciudadanía capitalina alguien que no le gustaba, sino de reclutar al servicio del país a un buen ciudadano.
Para agravar los errores, Uribe no tuvo la elegancia de felicitar al ganador y fue patente su aversión a entrevistarse con él. Esto abre el interrogante de si lo sucedido es presagio de lo que serán las relaciones del gobierno central con la administración distrital y de que los bogotanos tendremos que padecer de su animadversión porque el candidato del Presidente no fue escogido. Sería inadmisible que el Presidente dirigiera sus mayorías en el Congreso a obstruir las asignaciones del presupuesto nacional para la capital de la República.
Esperemos que el mandatario recapacite y que al menos dé al alcalde entrante el beneficio de la duda. Aunque en otras regiones, donde el tema del alcalde de Bogotá no tiene importancia, el prestigio presidencial no sufra gran menoscabo, no deben olvidar el Presidente y los partidos que lo apoyan, que el caudal electoral de Bogotá puede hacer la diferencia en una elección presidencial.