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Las mujeres “pazharan” en el Sur
por Laura Badillo Ramírez
Friday, Nov. 30, 2007 at 7:36 PM
Más de cuatro mil mujeres arribaron al Puente Internacional de San Miguel de Rumichaca el 23 de noviembre de 2007 para hacer historia. Un encuentro en el que mujeres venidas de distintos y equidistantes territorios desaparecieron simbólicamente las fronteras para pronunciar a una sola voz: “Si se puede”, “antes solas, ahora juntas” “sin fronteras”, mientras confundidas en un abrazo amoroso dieron vida a un encuentro histórico entre las mujeres ecuatorianas y colombianas. Ellas atendieron el llamado a la movilización Binacional de las Mujeres a la Frontera Colombo-Ecuatoriana, convocada por la Ruta Pacífica de las Mujeres y la Organización Femenina Popular para visibilizar la situación de desplazamiento y refugio de las mujeres en el sur del país y en la frontera ecuatoriana y a su vez, poder impulsar una agenda binacional para el tratamiento de esta problemática.
Sin embargo, llegar a tal cruce de sensaciones, emociones, convicciones políticas y exigencias, a las mujeres colombianas les llevaría a una travesía por zonas del territorio colombiano altamente militarizado y en disputa por los distintos grupos armados. Este se convertía en uno de los principales riesgos al movilizarse, puesto que las mujeres que emprendieron tal recorrido saben que viven en un país en guerra y más aún, cuando han sido testigas y víctimas de la misma en sus cuerpos y en sus vidas sin la posibilidad de verdad, justicia y reparación.
Más allá, de ser indiferentes al conflicto, de silenciar una realidad o de nombrarla de otra manera invisibilizando las desigualdades y las violencias estructurales, la violencia sexual contra las mujeres por todos los actores armados, las más de 250.000 personas desplazadas o refugiadas en Ecuador, los asesinatos de mujeres; las mujeres de Bolívar, Chocó, Antioquia, Risaralda, Bogotá, Bucaramanga, Barrancabermeja, Neiva, Valle del Cauca, Cauca, Putumayo y Nariño decidieron asumir este reto para exigir una negociación política y dialogada al conflicto, para exigir parar la guerra, y la pronta atención a la crisis humanitaria en el sur del país y en especial, atender a la población que se encuentra desplazada.
Un primer punto de encuentro fue en Pereira en la Plaza de la Victoria, allí llegaron aproximadamente 12 autobuses. En este lugar las mujeres de Risaralda
guiaron el plantón de mujeres de Negro, cuyo símbolo estuvo representado por el lazo de la solidaridad, el cual fue vestido por el verde de la esperanza, el amarillo de la verdad, el blanco de la justicia, el azul de la reparación y el naranja de la resistencia. Luego, las mujeres juntas y tomadas del lazo delinearon un espiral con sus cuerpos para realizar un homenaje de bienvenida a las mujeres que se enrutaban hacia el sur. Posteriormente, tomaron sus morrales, encendieron sus linternas y se ubicaron en los respectivos autobuses para enrumbarse a Popayán e ir alargando la caravana con otras delegaciones de Santander, Bogotá, Neiva y Valle del Cauca que se encontrarían más tarde en el recorrido.
Ya en Popayán el día 22 de Noviembre, las mujeres se apropiaron de las calles, era una movilización larga y compacta donde ellas fueron las protagonistas. Los habitantes, salieron sorprendidos de sus casas, de sus oficinas, suspendieron sus actividades para observar tal acontecimiento, pues al parecer ninguna movilización con más de 2000 mujeres se había realizado en esta ciudad colonial. Al efectuar esta acción las mujeres quebraron imaginarios, mostraron que es posible y evidente tener un país en su cabeza, oponiéndose a todas las formas de militarización de la vida civil. Así el “Soy civil y estoy contra la guerra” resonó en las paredes blancas y dejo una huella imborrable en la memoria de los habitantes de Popayán demostrando que “Es mejor ser con miedo que dejar de ser por miedo”, que es necesario alzar la propia voz para decir con las mujeres marchantes “Por un hogar, un país, un planeta, sin guerras, ni violencias”. Finalmente, se despidieron de la ciudad con la alegría de ser tantas, de estar cada vez más reunidas.
En este “pazharan” de las mujeres por las principales carreteras del país entre ellas, la Panamericana casi “intocable” en el marco de la política de seguridad democrática para los movimientos sociales, las mujeres consiguieron atravesarla desde una postura pacífica y noviolenta, insistiendo a los policías que no las escoltaran puesto que su acompañamiento las ponía en riesgo, al estar también armados. Lograr movilizarse por Colombia teniendo presentes los principios del antimilitarismo y el pacifismo, se convierte en un ejercicio colectivo de resistencia notable, no sólo por lo que significa sino por que con cada andar están demostrando que es posible pensar otro país sin el ejercicio de la violencia, que es posible desde la creatividad, los feminismos y la sororidad crear otros lenguajes que desarman a los armados.
El recorrido para llegar a la ciudad de Pasto, se convirtió en un tramo largo, con varias paradas en el esfuerzo de ir enrutadas para conservar la caravana, siendo esta una estrategia de protección utilizada en anteriores movilizaciones. Pero mantener el ritmo no fue fácil pues se contaba ya con un cansancio considerable no sólo por parte de las mujeres sino también por los conductores. Afortunadamente, en esta zona del país que para muchas personas puede ser desconocida había un paisaje precioso, con montañas inmensas que se bifurcaban
una tras otra, lo cual hacia más liviana la marcha y tras observar este paisaje una mujer se aventuró a decir: “en tanta belleza se disputa la guerra”.
La llegada a la ciudad de Pasto estuvo precedida por el sonido ronco de las bocinas de los autobuses, y aunque fueran ya las 8 y media del día 22 de noviembre después de nueve horas de viaje desde Popayán a Pasto, podría decirse que la ciudad se paralizó, el tráfico descendió para dar paso a la hilera de autobuses, la gente se asomaba por las ventanas y las puertas; mientras que otros y otras salieron de sus casas, de sus negocios para saludar y afirmar con sus sonrisas su presencia y la importancia de estar en Nariño.
Todos los autobuses llegaron a la Plaza principal, a la Plaza de Nariño, allí las esperaban las pastusas para darles la bienvenida. La música andina y los diferentes pronunciamientos políticos centraron su atención en día de No a la violencia contra las mujeres y denunciaron las diversas violencias que viven en sus vidas y en sus cuerpos, en la casa, en la calle, en lo privado y lo público. Además, resaltaron los esfuerzos decididos que estaban desarrollando cada una de las organizaciones para transformar esta realidad desigual y discriminatoria. Esa misma noche, a raíz de las declaraciones del Presidente de la República, y de su decisión de no continuar apoyando la mediación para lograr la liberación de los y las secuestradas, las mujeres aprovecharon la oportunidad para decir con toda la fuerza posible y en oposición a la decisión tomada: “Acuerdo Humanitario, YA”.
Después de esta velada, las mujeres se dirigieron al Coliseo para pasar la noche y levantarse antes del amanecer para salir a la ciudad de Ipiales. La caravana de autobuses aumentó considerablemente con la participación de las mujeres de Pasto donde se les sumarían sus paisanas en Ipiales.
Con más de 60 horas de viaje hasta llegar al Puente de Rumichaca, la caravana de autobuses poco a poco le proporcionó otro rostro y colorido a las carreteras; atrayendo las miradas de curiosos y curiosas que preguntaban qué ocurría y por qué tantas mujeres vestidas de negro. Algunas respuestas las encontraban al leer las pancartas que adornaban los más de 50 autobuses, las cuales anunciaban la movilización y una de sus principales consignas “Militarismos = Violencias”. Otras respuestas las encontraban las personas que indagaban en las propias voces de las mujeres, quienes con la comprensión de la problemática en un lenguaje sencillo facilitaban la información necesaria para dar cuenta de sus acciones, sus símbolos y también de su luto por la guerra.
Aproximadamente a las 8:30, empezaron a descender las mujeres de los autobuses en Ipiales, puesto que entrar era dispendioso por la estreches de sus calles. En el parque principal, las distintas organizaciones de mujeres de Ipiales, las esperaban con calle de honor y aplausos, al mismo tiempo que se incorporaban las mujeres que provenían del Putumayo.
En este lugar, se reafirmó el compromiso de ser una movilización pacífica y no violenta de las mujeres, pese a la presencia del ESMAD, que atravesó el parque en el que se encontraban y cuya acción fue considerada una provocación. Sin embargo, las mujeres permanecieron tranquilas, sus apuestas contribuyeron a conjurar y desaparecer a estos policías antidisturbios. Poco después se organizó la movilización para llegar al Puente Internacional de San Miguel de Rumichaca, cuya movilización encabezarían las mujeres de la guardia indígena del Cauca y la Ruta Pacífica, en el centro estarían las mujeres de Nariño y cerrando la misma, la Organización Femenina Popular.
Las mujeres con sus atuendos, símbolos, y consignas en esta movilización subvirtieron el lenguaje político tradicional, apelaron a otras formas de representarse socialmente, en el que eran actoras políticas sin ceder su voz a otros. Ellas, hermanadas corearon a una sola voz: “Las mujeres no parimos, ni forjamos hijos e hijas para la guerra” “Las mujeres no somos botín de guerra” “Ni una mujer, ni un hombre, ni un peso para la guerra” y en todo el trayecto hacia el puente se convirtió en un río de cuerpos y de voces de mujeres que sorprendía, era una marcha que parecía no tener fin.
Paralelamente, más de 200 mujeres ecuatorianas, y mujeres colombianas refugiadas y desplazadas, las esperaban al otro lado en el Ecuador, esperaban ser una fuerza viva sin precedentes en la frontera. Unas y otras ansiaban el encuentro, unas y otras esperaban destejer los hilos que las separaban, para que con su encuentro juntas, con llanto en sus rostros y la emoción que erizaba la piel tejieran los lazos de fuerza y de vindicación que ni los Estados, ni ejércitos pueden deshacer.
Juntas, ecuatorianas y colombianas se concentraron alrededor de 45 minutos en el Puente Internacional, para luego desplazarse al lado del puente y realizar actos simbólicos, leer sus respectivos manifiestos y soñar con un mundo distinto sin violencias para las mujeres. Paradójicamente, en esta frontera la niebla abunda, el frío puebla los cuerpos, pero el 23 de Noviembre de 2007, el día en el que más de 4000 mujeres se tomaron la frontera, el sol salió con toda su fuerza e iluminó la movilización y como bien dijo un pastuso: “Con ustedes llego el Sol”.
Noviembre 30 de 2007
Laura Badillo Ramírez
Ruta Pacífica de las Mujeres
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