Se ha profundizado el convencimiento en muchos colombianos de que contrario a lo reiterado por el gobierno, la truncada mediación de Chávez y Piedad Córdoba, sí estaba reportando resultados.
Bogotá, 1 dic (PL) Los colombianos cierran una semana de sobresaltos por la crisis diplomática que mantiene en vilo las relaciones con Venezuela a consecuencia de los enfrentamientos verbales entre los presidentes Hugo Chávez y Alvaro Uribe.
Si bien el clímax de esos roces llegó el pasado domingo, sus causas parten de la cancelación abrupta e inconsulta por Bogotá, el 21 de noviembre, de la mediación que encabezaban Chávez y la senadora Piedad Córdoba en busca de un canje humanitario con la guerrilla.
En consecuencia, Chávez puso en el "congelador" las relaciones con Colombia ante la pérdida de confianza en Uribe y su gobierno y dijo que Colombia merece un mejor mandatario.
Uribe respondió también en términos muy duros a su homólogo venezolano, acusándolo de "venir a Colombia a intervenir en ella para fomentar un proyecto expansionista" en el continente.
El resto de la semana transcurrió en medio de una campaña de la gran prensa colombiana, al parecer empeñada en exaltar los ánimos, en contraste con los llamados conciliadores de numerosos políticos y empresarios para buscar la manera de recomponer las relaciones.
Tampoco las andanadas mediática contra Chávez pudieron ocultar el clamor de amplios sectores a favor del reinicio de las gestiones para lograr el acuerdo humanitario entre el gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) que a juicio de muchos iban por buen camino.
Esa percepción quedó confirmada el viernes, cuando aparecieron pruebas de supervivencia de 17 personas, entre ellas la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt, un ex senador y tres agentes de inteligenica estadounidenses, las cuales había prometido las FARC al líder venezolano.
Sin embargo, esas pruebas no llegaron a la senadora Córdoba y mucho menos a Chávez, porque fueron interceptadas por el gobierno mediante un operativo militar en Bogotá, en la que fueron detenidos tres presuntos miembros de las FARC.
Esto ha profundizado el convencimiento en muchos colombianos de que contrario a lo reiterado por el gobierno, la truncada mediación sí estaba reportando resultados.
A la vez, genera más dudas sobre el real interés del presidente Uribe para buscar una salida a la liberación de los retenidos por la guerrilla, que de prioridad al diálogo sobre el enfrentamiento armado.