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Relaciones colombo-venezolanas
por Helena Villamizar García-Herreros
Sunday, Dec. 02, 2007 at 10:11 PM
Integración e intemperancia
Las noticias de los últimos días dejaron muchos sinsabores para un gran número de colombianos, entre ellos los secuestrados y sus familias, y para quienes acontecimientos recientes en el campo económico no suscitan gran optimismo.
De un lado el Banco de la República elevó la tasa de interés por octava vez este año, y al día siguiente se desató el vendaval de improperios entre los presidentes Chávez y Uribe. Era predecible que el retiro unilateral del mandatario venezolano como mediador del Acuerdo Humanitario valiéndose de micrófonos y comunicados no seria de buen recibo.
Este proceder no se ajusta a conductas diplomáticas ni corresponde siquiera a las buenas maneras que deben regir las actuaciones frente a quienes realizaban grandes esfuerzos para beneficio de los colombianos secuestrados. Naturalmente dicha conducta tampoco justifica los términos insultantes usados por el mandatario venezolano, pero resulta lamentable que su homólogo colombiano haya respondido con las mismas armas y peores ofensas, desconociendo los más elementales códigos de la diplomacia y la mesura. Su virulencia contra Piedad Córdoba, cuyos esfuerzos sólo merecen el reconocimiento de los colombianos, probablemente no tendrán más consecuencias que el dolor de las familias de los secuestrados ante la ruptura de las negociaciones para su liberación; pero otros son los efectos de su encendido verbo contra Chávez. Lamentablemente las reflexiones acerca de que un gobernante debe subordinar su ira y vanidad a los intereses superiores de su país surgieron un poco tarde, después de que sus aturdidas declaraciones, por decir lo menos, atizaran el desencuentro con el gobernante vecino. El presidente Uribe no supo discernir entre la oposición, a la cual acostumbra deshonrar, y un jefe de Estado cuya importancia frente a los intereses colombianos no es posible soslayar.
Subestimar las graves consecuencias que este desencuentro pueda tener para la economía colombiana sería insensato. El comercio con Venezuela es fundamental para Colombia; este país representa sin lugar a dudas el mercado más cualificado para las exportaciones colombianas. Si bien es cierto el principal destino de las ventas externas es Estados Unidos, el 48% de éstas son petróleo y derivados y si a estas se le suman las exportaciones de café, carbón y ferroníquel, se tiene que casi el 70% (68%) son exportaciones tradicionales. En cambio, las exportaciones no tradicionales representan la casi totalidad de las ventas a Venezuela, US$2.750 millones de US$2.757, frente a US$1.978 a EU. Pero además los productos industriales tienen una altísima participación en el mercado venezolano; representan el 92% de las exportaciones, mientras que en las dirigidas a Estado Unidos tan solo participan con el 20%, y en montos inferiores a la mitad de los exportaciones industriales a Venezuela. (US$ 1219 millones hacia EU frente a US $ 2548 a Venezuela)1/ ¿Cómo sustituir ese mercado? Indudablemente no es fácil. Y la estrategia de diversificar mercados no se logra con equivalentes a mayores aperturas unilaterales.
La integración del mercado colombo-venezolano es fruto no sólo de la vecindad geográfica, aspecto desde luego muy importante; pero la voluntad política de lograrla sin lugar a dudas fue factor determinante. Dos presidentes originarios de las zonas de frontera, Virgilio Barco y Carlos Andrés Pérez, le dieron un impulso decisivo a la integración. Los avances en esta vía fueron inequívocos; en pocos años se logró perfeccionar el arancel externo común entre las dos naciones y se logró configurar una unión aduanera. Si bien hoy las exportaciones registran montos inéditos gracias a los precios del petróleo y el crecimiento de Venezuela, muchos esfuerzos ha costado construir un comercio binacional que este año podría superar los US$ 5000 millones y en el que factor determinante son las preferencias existentes para Colombia en la demanda externa del vecino país. Sin embargo hoy más que nunca estamos lejos del arancel externo común con Venezuela y Ecuador por cuenta de la aventura de la negociación del TLC con Estados Unidos, que determinó el retiro de Venezuela de la CAN y que facilitó a estas dos naciones introducir reformas al arancel que por lo demás buscan mejoras en sus estructuras productivas, en claro contraste con la por fortuna fallida propuesta reciente de reducir el arancel en Colombia. La CAN fue herida de muerte así se quiera conservar su nombre. Pero no es menos cierto que la voluntad política puede jugar un papel importante en los derroteros de la integración con Venezuela, la cual además del comercio cobija otros trascendentales campos entre ellos el energético, de infraestructura y financiero a través del Banco del Sur. Un desencuentro, más aún cuando en la escena están jugando actores como Chávez quien además tiene la sartén por el mango, puede modificar el juego y sustituir jugadores. Es evidente que quien está en situación de fragilidad en este intercambio binacional es Colombia y no Venezuela. De hecho el que las voluntades políticas poseen gran fuerza explica el cambio del mandatario venezolano frente al cadáver de la CAN, ante un reclamo del presidente Lula por lo que consideró un trato irrespetuoso al parlamento de su país. Grandes fueron las diferencias de estilo entre Lula y Uribe.
Es imperativo recomponer las relaciones con Venezuela, pues más allá del orgullo y las pugnas de dos personalidades temperamentales está el empleo y el bienestar de dos pueblos. Ojalá la propuesta de buscar la mediación de los presidentes Lula y Correa pueda llevarse a cabo. Sin lugar a dudas hoy Venezuela tiene fortalezas pero en la historia de la integración bilateral ambas naciones se han beneficiado de la concordia y las buenas relaciones comerciales con su vecina, y en ocasiones éstas han jugado un papel muy importante en la moderación de los ciclos recesivos a ambos lados de la frontera.
Finalmente algo positivo dejó esta crisis: el anuncio del presidente Uribe de no aspirar a una segunda reelección, así esta declaración parezca motivada por segundas intenciones de lanzar dardos, más diplomáticos, al mandatario venezolano.
© EL NUEVO SIGLO
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