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Ley de Seguridad y Defensa: Regreso al Estado de Sitio Permanente
por Carlos A. Lozano Guillén
Wednesday, Jan. 09, 2008 at 9:24 PM
carloslozanogui@etb.com.co
Uribe Vélez quiere institucionalizar la guerra y se niega a cualquier posibilidad de paz. El país en manos de un guerrerista delirante. Un análisis sobre la perspectiva de la paz en Colombia
Aunque el presidente Álvaro
Uribe Vélez niega la existencia
del conflicto, continúa
metiendo al país en un lúgubre laberinto
de guerra, en contravía de la exigencia
nacional e internacional de la solución
política negociada del conflicto. En
diciembre del año pasado en el diario
El Tiempo (edición del sábado 22 de diciembre
de 2007, página 1-7) se asegura
que el Gobierno Nacional busca que
la "Seguridad Democrática", hasta ahora
un enunciado guerrerista retórico,
para darle soporte al aparataje de la guerra
oficial, sea consagrada como Ley de
Seguridad y Defensa. Hay que recordar,
que en los primeros años de la
administración Uribe Vélez fue adoptado
un "estatuto antiterrorista", declarado
inexequible por
la Corte Constitucional.
Ahora se trataría de
elevar a ley de la república
los conceptos básicos
de la "seguridad
democrática", que se
sustentan en el autoritarismo,
la militarización
de la vida nacional y el
fortalecimiento permanente
de la Fuerza Pública.
Es una legislación
de guerra, aunque es paradójico para los
analistas políticos, que el propio Gobierno
niegue la existencia de la misma. Con
el argumento de que el conflicto no existe
la Casa de Nariño se niega a aceptar
la aplicación del Derecho Internacional
Humanitario para proteger a los civiles.
Los voceros gubernamentales, con el
mal ejemplo del presidente Uribe, rechazan
el principio de distinción entre combatientes
y no combatientes, al calificar
de terroristas y aliados de la guerrilla, a
los periodistas, líderes de izquierda, sindicalistas
y dirigentes de ONG que se
atreven a criticar el régimen.
Legislación de guerra
La legislación de la "seguridad democrática"
endurecería la acción de orden
público, crearía teatros de guerra y
militarizaría, aún más la vida nacional,
con funestos efectos sobre las libertades
fundamentales, los derechos humanos,
la penalización de la lucha social y
de la oposición política. La red de informantes,
la cacería de brujas y las
medidas de e xcepción, exclusivas para
la preservación del orden público, pasarían
a ser permanentes y parte de la vida
cotidiana. Equi vale tanto como a regresar
al estado de sitio permanente, característico
de la sepultada Constitución de
1886. Pero sobre todo, está en contraposición
del artículo 22 de la Constitución
Política, que establece el derecho a
la paz de los colombianos. Es tanto como
convertir la guer ra en una práctica permanente,
en una forma institucional de
la vida nacional. Bajo esas circunstancias
hay pocas posibilidades para la democracia
mientras no haya un viraje en
la vida nacional. Con Uribe Vélez no hay
ninguna perspectiva de salida democrática
de la crisis nacional.
Economía de guerra
En consecuencia con este proyecto,
que será analizado por el Congreso de
la República este año, "el gasto militar
de 2008 crecerá tanto que se teme por
las finanzas del Gobierno y la balanza
comercial", advirtió Ivonne Venegas M.,
en artículo publicado en diciembre pasado
en Economía y Negocios. La enorme
inversión, que asciende a 3.4 billones
de pesos está garantizada
pero a costa de
otros sectores sociales
en crisis. "El gasto en
defensa es igual a la
suma de todas las transferencias
en salud, educación
y saneamiento
ambiental", aseguran
José Fernando Isaza
Delgado y Diógenes
Campos Romero, en enjundioso
análisis de
"Algunas consideraciones
cuantitativas sobre la evolución reciente
del conflicto en Colombia".
Cifra récord
El gasto militar llega a la cifra récord
de 6.5 por ciento del Producto Interno
Bruto (PIB), superior al de Estados Unidos
y de cualquier país europeo miembro
de la OTAN. Y es particularmente
peligroso no sólo porque afecta la balanza
comercial, sino porque se convierte
en el principal obstáculo para la justicia
social necesaria para fortalecer la democracia
y el camino de la paz. La tendencia
es a subir el gasto de guerra, pues
en la medida que se reduce el apoyo económico
exterior le corresponde al Gobierno
Nacional tapar el hueco de su propio
presupuesto. Para este año, por ejemplo,
el Plan Colombia tiene un recorte
de 140 millones de dólares, que tenía
destino específico para la compra de armamento
y el reclutamiento de más
Fuerza Pública.
Según Isaza Delgado y Campos Romero,
"par a el año 2008 está previsto que
de los 566.084 cargos públicos que se
atienden con cargo al presupuesto central,
459.687, el 81.2 por ciento, estará
ocupado por servidores públicos asignados
a las labores de defensa, seguridad
y policía", sin contar las redes de informantes
y las familias guardabosques,
parte del entramado dedicado al espionaje
de los ciudadanos y ciudadanas. Lo
que está en marcha es un Estado totalitario,
militarizado y sin libertades públicas,
al servicio del proyecto del Estado
comunitario, esbozado por Uribe
Vélez. Es antidemocrático y de
inocultable tufillo fascista.
El poder militarista
Aquí no se trata de la vieja consigna
bolchevique de "todo el poder
para los soviets", de amplio contenido
democrático, con la que se buscaba
fortalecer la participación ciudadana
en la construcción del socialismo,
sino de "todo el poder para los
militares", llevándose de paso las libertades
democráticas y el espíritu
garantista del Título II de la Constitución
Política.
Con nadadito de
perro se quiere incorporar
a la institucionalidad
un Estado
totalitario, en
guerra interna permanente contra los
opositores políticos,
no sólo los que
están armados y
declarados en rebeldía,
sino todo el
que se pronuncie a
favor de cambios democráticos y sociales.
Con razón dicen Isaza Delgado
y Campos Romero: "Si las FARC
no existieran habría que inventarlas.
Son la principal excusa para el desbordado
gasto militar y par a justificar
la reelección indefinida".
Armas y más armas
Con el argumento que "estamos
en el fin del fin", con el cual especulan
el ministro de Defensa, Juan Manuel
Santos y los altos mandos militares,
lograron aumentar la inversión
en la Fuerza Pública de 1.1 billones
de pesos en 2007 a 3.4 billones de
pesos en 2008. Este año serán adquiridos
15 helicópteros estadounidenses
Black Hawk, 4 helicópteros rusos
MI-17, otros 12 helicópteros de
ataque y 4 aviones de transporte españoles
y la reparación de varias fragatas.
La mayoría de estas adquisiciones
llegarán durante 2008.
De otra parte serán incorporados 37 mil
nuevos hombres a la Fuerza Pública. De
ellos 20 mil este año. El estudio de Ivonne
Venegas M. de Economía y Negocios, aunque
no saca conclusiones, deja en claro que
la economía colombiana es de guerra y que
por ahora no hay interés en atender seculares
problemas sociales, en medio de un crecimiento
económico coyuntural que sólo favorece
a la burguesía industrial, a los banqueros
y comerciantes y por supuesto a las
transnacionales que hacen su agosto con las
riquezas naturales colombianas, entre ellas
lo que sobrevendrá de los ricos yacimientos
de oro en el Tolima y de cuyas regalías
le quedará muy poco a la Nación y mucho
menos a los habitantes
más necesitados de este
departamento.
Todo indica que el
país va de mal en peor.
Hasta razón tienen los
que sostienen que mientras
esté Álvaro Uribe
Vélez en la presidencia
de la República no hay
chance para la paz y ni siquiera
para el intercambio
humanitario. La maquinaria
de la guerra uribista
está lejos de acercarse al "fin del fin"
como lo predican sus apologistas, que se
lucran del negocio de las armas y de un presupuesto,
que tiene fondos secretos y de
difícil control fiscal. Hay muchos intereses
en el país y en el exterior. En este último
caso están los complejos militar-industriales
a los cuales están vinculados varios
de los halcones de la Casa Blanca. En Colombia
también hay halcones, tal vez más
pequeños que los de Washington, pero peligrosos
y domesticados al servicio del imperio,
son los que administran el abultado
presupuesto de la guerra.
www.geocities.com/vozxcol/voz.pdf
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