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La recesión mundial
por Eduardo Sarmiento P.
Saturday, Jan. 19, 2008 at 12:36 PM
A diario se agravan las condiciones de la economía mundial. Las cifras recientes sobre caída de la construcción de vivienda, freno de la producción manufacturera, desplome del empleo y extensión de la crisis financiera a las grandes instituciones, como el Citibank, despejan cualquier duda de que la economía estadounidense ya entró en recesión. Por su parte, la economía colombiana cada vez se torna más vulnerable. A las señales de caída de la actividad productiva, revaluación, alza de intereses y elevación de la inflación, se agregó el desplome de la Bolsa de Valores.
Lo más sorprendente es la incapacidad de la Reserva Federal y los analistas estadounidenses para entender el proceso. Durante más de un año han venido diciendo que la economía se desacelera, que se dirige a un aterrizaje suave y que no caerá en recesión. En las encuestas de expertos y empresarios se vaticinaba que la probabilidad de recesión era menos de 30%. No obstante que la información contradecía sistemáticamente estos vaticinios, la realidad sólo vino a reconocerse hace pocos días.
La verdad es que la crisis se gestó de tiempo atrás. A principios de 2007 era evidente que las altas tasas de interés adoptadas para bajar la inflación y mantener fuerte el dólar no habían logrado los propósitos buscados y, en su lugar, propiciaban el debilitamiento de la actividad productiva y alteraban el funcionamiento de algunas instituciones financieras. Sin embargo, la realidad sólo viene a reconocerse en septiembre de 2007, cuando explota la crisis hipotecaria. Y luego de una total indefinición, la baja de la tasa de interés y las acciones de la Reserva Federal resultan totalmente inadecuadas e insuficientes para detener la extensión de la crisis y evitar la caída del producto nacional. El drama es que el expediente ocasiona una fuerte devaluación del dólar que, en conjunto con el alza de los precios del petróleo, presiona los precios y deja a las autoridades económicas en el dilema de la crisis financiera y la inflación. Así, la economía estadounidense entra en la típica estanflación, en que el producto nacional se precipita en recesión y la inflación se eleva.
Infortunadamente, el país no ha reaccionado a los desatinos de la Reserva Federal y, más bien, se ha ajustado a ellos. De tiempo atrás está montado en un modelo de crecimiento con revaluación que le da ingreso libre a la liquidez mundial. La entrada de capitales revalúa el tipo de cambio y se manifiesta en alzas en los precios de los bienes no transables que se contrarrestan con la elevación de la tasa de interés de redescuento. La economía queda abocada a un proceso de aumento del déficit en cuenta corriente y alzas de tasas de interés del crédito que la hacen más vulnerable y significan serios riesgos de crisis.
Los estragos de la revaluación tienen claro reflejo en la caída de las exportaciones de Estados Unidos, el disparo de las importaciones y el déficit creciente de la balanza de pagos, que llegó el año pasado a 4% del PIB. El colapso no se ha dado porque Venezuela se ha revaluado más que Colombia; las exportaciones al país vecino crecen 60%, lo cual no es sostenible por petróleo que se tenga. En algún momento Venezuela tenía que devaluar o aplicar algún mecanismo cuantitativo para detenerlas, y desde luego, las acciones pueden ser mucho más drásticas por la confrontación política.
La crisis financiera mundial está llegando a Colombia reforzada por las altas tasas de interés domésticas. El crecimiento del crédito de alto riesgo ha descendido, la cartera vencida se disparó y la Bolsa de Valores se descolgó en lo corrido del año. Se ha entrado en un camino peligroso de difícil retorno. Las empresas adquiridas en el pasado se desvalorizan y están expuestas a alzas de tasas de interés que las hacen no rentables, y de continuar el estado, terminaría en una descapitalización generalizada que se llevaría por delante la inversión.
La recesión de los Estados Unidos contribuirá a agravar estas situaciones, no sólo por la caída de la actividad productiva, sino por las políticas de recuperación. Todo parece indicar que la reactivación de la economía se buscará por la vía de la devaluación y las exportaciones y también que se veré restringida por la resistencia generalizada de los países a revaluar. En tales condiciones, se pueden esperar presiones para ampliar el déficit en cuenta corriente, elevar la tasa de interés y frenar el crecimiento.
Frente a este panorama lo peor que puede hacer el Banco de la República es continuar subiendo las tasas de interés y profundizando la revaluación para bajar la inflación. El expediente no garantiza el propósito y amplia los riesgos de crisis cambiaria e inicia el camino hacia la recesión. El banco central de un solo instrumento y un solo objetivo hizo aguas. En su lugar, se plantea acudir a la intervención del tipo de cambio, los controles cuantitativos de capitales, el crédito dirigido y los subsidios y aranceles selectivos para controlar la inflación, mantener el crecimiento económico y asegurar la estabilidad cambiaria y financiera.
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