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Hoy cantan las voces que ayer fueron silenciadas
por Ismael Paredes Monday, Feb. 18, 2008 at 10:05 AM

SIEC. Actualidad Étnica, Puerto Gaitán/ Meta, 14 de febrero.- En defensa de sus idiomas hoy cantan las voces que ayer fueron silenciadas.

Podría decirse que Regina es de las últimas hablantes de una lengua milenaria que hoy se está extinguiendo; quizá no lo sea porque de ser así “esto se acaba”, manifiesta doña ‘Lolita’ una de las líderes más representativas del pueblo Indígena Sáliba que habita en la Orinoquía colombiana.

“Quedarse uno sin lengua propia es como quedarse sin espada en medio de la batalla”, afirma el indigenista y antropólogo Francisco Salazar.

Otrora perdí fortunas invaluables y les consideré demasiado insignificantes para preocuparme por ellas, ayer perdí de nuevo algo que pudo haber sido una ganancia y sentí satisfacción, ahora que no puedo recuperar ni lo uno ni lo otro siento una pena inmensa; sin embargo, antes no sentí el menor asomo de vergüenza.

Los Caribana, los Pumene, Chamarravi, Catimay, Pónare, Guacarapare, Horopa, Errenuma, Yavidúa y Guacabare son entre otras las familias más representativas de la comunidad Sáliba que habita en Santa Rosalía, Vichada. Otras pequeñas comunidades viven en Piñalito, San Juanito, Piapoco y Médano –Guanapalo- sectores rurales de Orocue Casanare.

“Pero son poquiticos, por ahí tres familias en cada sector”, dice, con mucha nostalgia, doña María Dolores Guacarapare de Catimay a quien cariñosamente le dicen doña Lolita. De los Caribana Catimay es doña Regina, ella habla y comprende perfectamente la lengua Sáliba. Doña Regina es una anciana de esta etnia ancestral que junto con otros 18 pueblos indígenas hoy corren el riesgo de desaparecer.

No es para menos el asombro de María Dolores cuando hablamos del tema junto a las aguas mansas y caudalosas del Manacacías, donde ella añora sus épocas de infancia en Orocue y recuerda con la madurez y resignación de los sabios ancestrales cómo los colonos del Llano y los militares mataban indios como matar animales; sin ningún asomo de consideración.

“Es que los guahibos eran considerados por el llanero como una plaga”, evoca doña Lolita. En ese tiempo les decían guahibos a los indígenas colombianos; sin importar del pueblo que fueran. Hoy cantan las voces que ayer fueron silenciadas; ahora quienes acallaron esas voces de ayer lamentan haber perdido el eco de sus horribles murmullos.

Nos hemos encontrado con doña Lolita y con doña Regina en Puerto Gaitán, Meta, en el marco del desarrollo del programa Fortalecimiento del Derecho Mayor de los Pueblos Indígenas de la Orinoquía colombiana auspiciado por el Consejo Superior de la Judicatura y ejecutado por el Resguardo Achagua Turpial la Victoria de Puerto López y la Fundación Hemera de Bogotá.

Uno de los valores fundamentales de este encuentro es que dirigentes indígenas achaguas, piapocos, sikuanis y sálibas -cuatro pueblos de la Orinoquía- han expresado sus saberes y sus inquietudes en cada una de sus lenguas nativas.

»»¡‘Hablarán las piedras’!.- Uno de los ejes que articulan una cultura es la lengua o idioma propio, en esto coinciden los asistentes al encuentro de ‘saberes’ podría decirse de alguna manera, porque no se trata solo de Analizar el Derecho Mayor que es la esencia del Proyecto sino también cada aspecto que confluya en torno a sus leyes ancestrales.

Es preciso aplicar en este punto el refrán bíblico con el que Jesús Nazareno instaba a sus discípulos a predicar: “si ustedes no hablan, las piedras lo harán”, para nuestro caso las lenguas indígenas hablaran a los cuatro vientos; solo se necesita fortalecerlas, practicarlas y preservarlas con todos sus componentes como una de las riquezas étnico culturales más grandes de nuestro país.

Hoy hablan las aguas y no somos capaces de oír su impetuoso sonido, hablan las flores y les arrancamos de su habitat para luego arrojarlas a un podrido basurero, como si su voz acusara toda nuestra insensibilidad.

El caso de doña Regina y el pueblo Sáliba debe ser un estímulo y un llamado de alerta tanto para las comunidades indígenas que quieran preservarse como pueblos, lo mismo para la dirigencia indígena colombiana, que debe incentivar a los hablantes y propender medios educativos y prácticos para el aprendizaje y fortalecimiento bilingüe.

De otra parte el Ministerio de Cultura debe tomar cartas en el asunto; ojala que los mil milloncitos que destinó esta cartera para fortalecer las lenguas étnicas no resulte como el auge misterioso de platas ocultas que “pagan” millonarios intereses y luego muchas personas incautas que cayeron en la trampa han admitido que “esa platica se perdió”.

Hablarán las plantas, los animales, el viento, los tucanes, los mismos sentimientos… porque la sociedad colombiana no fue capaz de oír sus propias lenguas ni de hablarlas.

El gobierno colombiano y la organización indígena local o nacional deben apremiantemente mirar estas pequeñas comunidades que persisten en mantenerse vivas culturalmente y que por ende necesitan hablar su lengua como elemento identitario y también como recurso, tal ves el único, de pervivencia. Los ríos de la Orinoquía y la brisa llanera nunca fueron sordos a las voces de quienes les contaron sus dichas y desdichas.

Es la voz unánime de las ancianas sálibas y de las autoridades sikuanis, achaguas y piapocos para que no les dejen solos y que de “aquí a mañana, solo se tenga que contar que ‘alguna vez -en algún lugar de la Orinoquía- existió un pueblo indígena que se llamó Sáliba’; ¡no, no; eso es lo que yo no quiero.

No admito que nuestro Pueblo Sáliba sea un acontecimiento histórico, sino que sea una realidad”, dice doña Lolita cogiéndose la cara a dos manos y restregándoselas, luego, como en un ataque de nervios.

María Dolores tiene 72 años, Doña Regina no menos de 75, “pero nosotras no somos eternas; dice Lolita quien no quiere presagiar que el día en que ellas ya no estén y falten las pocas autoridades y miembros de la comunidad comprometidos, el Pueblo Sáliba sea otra historia más de los antiguos reinos indígenas que cuentan los viejos. “Eso fue antes que comenzara esta guerra que hoy estamos viviendo”.

Han pasado miles de ocasos y las comunidades indígenas han resistido y perviven; pese a la embestida desoladora donde el hombre se empeña en destruir al hombre y de paso destruir la fascinación de la naturaleza haciendo lo imposible para marchitar la esperanza humana, todavía queda el reino de los sueños. Esa capacidad valiosa de vivir en armonía es hoy, aún, una realidad en muchos sectores de la población colombiana.

El caso del pueblo Sáliba es responsabilidad de… ¿quién? Mientras siga alumbrando el sol y mientras la vida sea la diosa venerada siempre habrá fortaleza, esperanza y convivencia, habrá paz e idiomas para hablar y preservar.

Un referente que alienta es el caso de la comunidad achagua que “hace apenas unos años estaba en peligro de extinción y su identidad casi perdida; porque se copiaron modelos culturales externos, pero hoy está fortalecida gracias a la interlocución entre autoridades indígenas y la comunidad, también el compromiso jugo un papel esencial en esta conquista”, dice con aire de satisfacción José del Carmen Ruiz, dirigente Achagua de Puerto López.

Hoy los achaguas hablan en su lengua nativa, también lo hacen los Piapocos, los Sikuanis, los Nasa, los Nukak Makú, los U’was, los Wayuú, los Uitotos, los Coreguajes… y muchos otros pueblos indígenas de Colombia. ¡Que así sea!

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