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Para qué era Carimagua
por Francisco Vergara
Thursday, Feb. 28, 2008 at 1:44 PM
Hace 35 o 40 años, los terrenos que se extendían al nororiente del
Alto de Menugua, incluida Carimagua naturalmente, escasamente
sostenían una res por cada 15 o 20 hectáreas. Aun así, las reses no
aprovechaban la sabana madura. Era necesario incendiarla para que se
produjera un tierno retoño durante los 20 o 30 días siguientes a la
quema. Esa práctica no sólo empobrecía cada vez más la poco nutritiva
gramínea natural, sino robaba en cada incendio porciones de los
bosques de galería. Irremediablemente, el destino de la altillanura
era un nuevo desierto.
A alguien se le ocurrió investigar la posibilidad de interrumpir ese
proceso de alguna manera eficaz. Supo que hacer un nuevo código de
recursos naturales, prohibiendo las quemas, era inútil porque ya
existían varias leyes en ese sentido, que, naturalmente, no se
cumplían. La única forma era con procesos biológicos que aprovecharan las fortalezas de las sabanas y que toleraran sus defectos. Era necesario encontrar plantas resistentes a los tóxicos de las sabanas, que pudieran vivir con los escasísimos nutrientes; en fin, que se adaptaran a esas condiciones especiales.
Para ello se fundó Carimagua, donde, además del Instituto Colombiano
Agropecuario, se asentó el Centro Interamericano de Agricultura
Tropical (CIAT). Y se dio el milagro.
Las investigaciones dieron frutos. Se encontraron variedades
adecuadas de arroz, yuca, soya, sorgo, maíz, pastos y otras plantas.
Adicionalmente, la investigación que realizó el CIAT incluyó su
validación para condiciones comerciales. Se trataba de saber si el
cultivo de esas plantas, además de permitirles vivir en esas
difíciles condiciones, producía ganancias que indujeran a los
campesinos y ganaderos a reemplazar las malas prácticas usadas hasta entonces.
Para esa modalidad de investigaciones se requerían y se requieren
inmensas extensiones de tierra. Ahora serán la palma africana, el
caucho, el pino, la higuerilla. En el pasado no solamente
identificaron y aislaron las variedades de arroz "Sabana 6", "Sabana
7" y los pastos Andropogón, Llanero, Libertad, sino que
experimentaron la tecnología comercial de sembrar el pasto asociado
con el arroz para que este último financiara los costos de la
implantación de la pradera. Enseñaron a producir y a cosechar las
semillas de los pastos.
Liberaron variedades de yuca e inventaron la máquina para picarla en
trozos a fin de secarla al sol y guardarla como alimento de cerdos y
ganados. Demostraron que la siembra de arroz en rotación con la soya
determinaba que los dos cultivos, en las primeras cosechas no viables
económicamente, mejoraban las sabanas de tal manera que a la quinta
cosecha las productividades eran similares a las del Valle del
Cauca.
Investigación, validación comercial de la investigación y
transferencia de esa tecnología a los campesinos. Eso era Carimagua.
No sé si en los últimos años la institución dejó de cumplir su
misión. Es posible. Pero antes del debate acerca de quién debe ser el
nuevo destinatario de Carimagua, es necesario dar otro previo: ¿se
debe abandonar la investigación de la altillanura? ¿Es mejor realizar
esa investigación en otro lugar? Pero lo más importante: ¿se continúa
haciendo investigación sobre la altillanura?
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