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Recurso
por Alfredo Molano Bravo
Saturday, May. 03, 2008 at 8:33 AM
Entre los principios que definen una democracia no es adjetiva la libertad de expresión, o de prensa, o de información. Batallas se han dado en su defensa; muertos ha habido. La censura, que tiene mil formas, amenaza siempre. La tiranía anda siempre rondando.
El asesinato de periodistas en Colombia no deja de ser cotidiana. Baste que un interés creado se vea comprometido por una denuncia —e inclusive por una mera referencia— para que el periodista termine muerto, exilado, silenciado. O peor, aconductado.
No hay regla fija, habiendo tantas reglas. Una acusación simple puede terminar en un asesinato; una crónica, en un tribunal. El gobierno saca pecho y se ufana mostrando que la cifra de periodistas muertos ha bajado. Obvio, si quedan menos. En Arauca, o en Caldas, por ejemplo, ya no matan porque los que salvaron su vida huyendo o callándose han aprendido a decir las cosas de tal manera que a nadie incomoden. Un logro de la democracia. Han aprendido también a escribir sin menoscabo de la pauta. Saben que hay límites, que hay cosas que no se pueden menear.
Detrás de la tragedia del silencio obligado, de la palabra a medias, está la paranoia creada al efecto. No es difícil: baste dividir una sociedad entre buenos y malos, entre rojos y azules, entre los de acá y los de allá, entre patriotas y apátridas, para tener resultados a mano. Un efecto creciente que falsifica, aplasta, reseña. Y, llegado el caso, mata. A un periodista, como ha sucedido, lo pueden asesinar por “extralimitarse” en una opinión o en una nota, y automáticamente la sentencia flota en el ambiente: “algo debía”. Y la investigación queda prácticamente cerrada, así la justicia, cojeando, llegue a otra conclusión.
La paranoia creada por un régimen que impone el maniqueísmo hace de la autocensura un modo de ser, de hablar y de escribir. La palabra pierde su vuelo. La adulación gana lo que la crítica pierde. El silencio se toma las calles, las oficinas; se balbucea por teléfono; toda carta o memorando es susceptible de convertirse en un documento judicial, en una prueba irrebatible. Los celulares son líneas directas con las centrales de inteligencia. O se hace creer en esos hilos. Para hablar claro se hace necesario ir a la esquina donde el viento se lleve la voz.
El gobierno logra así el tan manido consenso social y político. Nadie puede negarlo: aparece en las encuestas y las encuestas aparecen en internet y lo que allí no aparezca, no existe. Después vienen las votaciones que ratifican y consolidan las verdades oficiales nacidas del miedo a ser señalado, a ser puesto contra la pared; una pared que puede volverse un muro de fusilamiento. Lo vemos a diario. La paranoia hace nacer en el ciudadano —y no sólo en el periodista— su propio censor. El enemigo se lleva adentro, comienza a ser parte de su mirada y poco a poco de su palabra.
Una especie de esquizofrenia se generaliza: la gente ve una cosa y dice otra, tiene que decir otra para ser oído y no señalado. A partir de esa locura colectiva, maquinada a conciencia, todo puede pasar. El Príncipe puede hacer o deshacer, todo le está permitido, todo le queda bien. El aplauso es su único interlocutor. Todo funcionario publico —y hasta todo ciudadano— se convierte en su agente.
La única virtud de tan enajenante estado de cosas es que el periodista —y hasta el ciudadano— que decida seguir siéndolo, tiene que apelar a la metáfora, a la hipérbole, a la parábola. La imaginación y, a la larga, hasta la literatura, gana lo que el periodismo pierde.
© EL ESPECTADOR
EL TRISTE FINAL DE LA URIBBESTIA Y SU PARA ISO DEL TERROR Y DEL MIEDO!!!!
por SANCOCHO de Paz Kin, el periódico civil
Monday, May. 05, 2008 at 5:39 PM
paz.kin@hotmail.com
EL PARA...ISO DE LA URIBESTIA
No sabían como empezar, ni por donde. Era definitivamente un hueso duro de roer, eso de narrar, hacer cuentos o estar inventando historias y más cuando se trataba de inventar algo para participar en concursos, pues de antemano, al igual que a la mayoría de ciudadanos, les abrigaba el pesimismo, el escepticismo y la incredulidad ya que vivían y sobrevivían en una ciudad y en un país donde todo era una vulgar farsa, allí donde ya se sabía con antelación quien o quienes eran los ganadores y favorecidos, tanto en los tales concursos, en las contrataciones, cotizaciones, como en las famosas licitaciones y más aún en las farsas electorales y consultas politiqueras que allí en Burrotá ciudad capital de la nación conocida como Paracolandia y en todo aquel país, cada cuanto se llevaban a cabo, a tal punto que ya nadie creía en nadie, ni siquiera en su propia sombra, máxime cuando la opinión masiva y el monopolio de la información o desinformación, del uso de la palabra, estaba en manos de las abominables y minoritarias clases sociales dominantes, gobernantes y/o imperantes en aquel país, unas dos, tres, cuatro o cinco tenebrosas familias, grupos o pulpos económicos y de la cual no se salvaba ni siquiera Burrotá la capital, allí donde había un poco menos de feudalismo, de monarquía y absolutismo, aunque la dictadura, la tiranía, la hegemonía, la exclusión, el narcoparamilitarismo y el autoritarismo oligárquico, narcolatifundista, mafioso y proimperial en su criminal alianza, junto al despotismo, la indiferencia, la mediocridad, la politiquería y clientelismo reinantes y todas sus lacras, representados en la Uribestia, por igual se sentía y se padecía en todos los rincones de la ciudad y de la patria. Solo los valientes, acorazados, ungidos, invisibles, extraterrestres, valiosos, resistentes y heroicos seres supervivientes hacían caso omiso al yugo y a todas esas amenazas, restricciones, padecimientos, tropelías, obstáculos, represiones, farsas y demás bellaquerías o uribestialidades, como las llamaba el común, las que aquellos los enemigos de la gran nación, de la patria y de toda la población se ensañaban llevando a cabo contra ésta. Y a pesar de toda la tiranía reinante y que a los citadinos como a los demás ha-bitantes de la patria subyugaba, los valerosos pobladores insistían en seguir adelante a toda costa y por sobre todos los obstáculos que el amenazante, antisocial, autoritario, diabólico y bestial enemigo se empeñase en atravesarles en el camino; solo les restaba alargar el paso, armarse mucho mas, de valor y de lo que fuese, revestirse, asegurarse y abrocharse mas y más con las corazas y vestiduras espirituales del creador y del que estaba y moraba en todos los escogidos y ungidos por los siglos de los siglos, aún desde antes de la creación y seguir adelante, nada de nervios, de miedos, de culillos y cobardías, pues la situación no estaba para quedarse ahí a la vera del camino o en la cama derrotados, adormecidos en los laureles, en calzoncillos, en pijama durmiendo tranquilamente sobre los laureles, llenos de opio religioso o politiquero, drogados, conformistas, engatusados, atontados, envilecidos y con pereza o echarse para atrás en sus propósitos, que eran los mismos propósitos, que el creador les tenia y les había asignado desde los inmemorables, infinitos y eternos tiempos de la fundación del mundo pasando por el presente y hasta la eternidad por siempre y para siempre ya que el enemigo, la Uribestia y sus secuaces, ellos sí no dormían, pensando, planeando y tramando como hacer el daño, el mandado y tratar por todos los medios de exterminar a los seres humanos, a la oposición, a los seres racionales, sus temidos enemigos, a quien la Uribestia y sus sanguinarios secuaces llamaba simple y despectivamente Terroristas.
La indecisión, la cobardía, el conformismo, la pereza, la distracción, la mentira, el engaño, la amenaza, el hambre, la violencia, el terrorismo oficial, la represión, la guerra, el desánimo, la falta de Valor y de Esfuerzo eran los obstáculos mas enconados y gigantes que el enemigo físico o espiritual atravesaba en el camino para que Juan de la Paz y sus milicias, los héroes de nuestro cuento se pudiesen dedicar de lleno a lo que realmente les gustaba y eran sus legítimos, auténticos y mas caros ideales: ser ellos mismos, con identidad, autenticidad, vida, espíritu y nombre propios y el vivir en libertad y dignamente; pero para lograr la victoria, precisamente tenían que vencer a como diese lugar y de la forma que fuese menester y necesario a la Uribestia y su plaga de bandidos y todos los obstáculos que esta, atravesase en el camino, ya que agazapados, disfrazados de ovejas, de pastores, de servidores públicos, de monjas de la caridad, de cristianos, de Hadas Madrinas, de Santos, de trabajadores incansables, de dadivosos e inofensivos seres, de Mesías, de Supersabios, de mariposas amarillas, de palomas de la paz, de “izquierdas democráticas”, de “Polos Opuestos”, de Opositores o de simples seres humanos, en su camino hacia la victoria se les atravesaban, así como también realitys y telebobelas a la lata; pero esos obstáculos, cortapisas, pretextos, amenazas, desafíos, distracciones, cortinas de humo y bellaquerías antidemocráticas, reaccionarias y excluyentes que el enemigo en el camino a su rauda marcha hacia la victoria les atravesaba, eran los que precisamente más fuerza, valor, enojo, arrojo y ganas de victoria a sus cuerpos y almas les inyectaba, por eso mismo seguían ahí al pie del cañón, empujando hacia la cima del éxito y la victoria final, echando para adelante, pues para atrás asustaban y además la diabólica Uribestia comía seres humanos, sangre humana, descuartizaba con motosierras, desaparecía o trataba de aterrorizar e intimidar a sus detractores y con mentiras, secuestros masivos, bombardeos, masacres, genocidios, militarismo, fumigaciones, culebrerismo, calumnia, desinformación terrorismo “bueno” y hambre también pretendía doblegar, arrodillar y exterminar a la población, pero especialmente a la oposición electorera y más aún, a la no electorera, a la verdadera oposición, a aquellos valientes y heroicos seres, que lo habían sacrificado todo y que clandestina o abiertamente en campos y ciudades noche y día combatían y luchaban en pro de una patria mucho mejor, justa, popular, revolucionaria, libre y verdaderamente democrática y soberana, a tal punto que se habían atrevido a enfrentar al régimen, para no dejarse matar o exterminar, para sobrevivir al menos, desde hacia ya muchos años y una larga marcha o carrera de resistencia y de aguante estaban llevando acabo por todos los rincones de la patria y justo allí en las grandes ciudades, especialmente en los barrios populares desde luego también estaba presente luchando y combatiendo desde hacia mucho tiempo la resistencia, casa por casa, cuadra por cuadra, calle por calle, manzana por manzana, barrio por barrio, localidad por localidad hasta extenderse por todos los alrededores, Distritos y más allá de sus linderos, municipios anexos vecinales y no necesariamente con las convencionales armas de fuego, aunque esa otra forma de lucha y combate mas contundente, radical o extremista tampoco la tenían descartada y si era preciso, menester y necesario acudir a esta, también en un momento determinado, estaban prestos, listos en alerta y en la reserva por si el diablo en última instancia les tocase acudir a ella, pues en la mayoría de los casos y las veces, estaba y era totalmente válida y justificada esa forma de lucha y combate, pues la tal Democracia allí en aquella ciudad y en todo aquel país, era una vulgar farsa y bufonada en la que la absoluta mayoría de la población se negaba a darle crédito y legitimidad, pues bien era sabido, que tanto los gobiernos locales como los departamentales y los nacionales, eran ilegítimos e ilegales y el llamado estado o gobierno existente desde hacia ya 500 años y más aún en las últimas décadas, en todas sus dependencias, instituciones y niveles tanto armadas como civiles, era solo un refugio, guarida y nido de ratas, hampones, criminales, burócratas, genocidas, terroristas, parásitos, holgazanes, corruptos, mediocres, ineptos, inocuos, mercenarios y politiqueros de todos los pelambres, con más énfasis en la capital, donde se había posesionado y montado precisamente en el potro del poder, la mediocridad, el clientelismo y la más vulgar de las politiquerías, como una fiebre amarilla que amenazaba con epidemia y peste a toda la nación, como si la gente pretendiera con la mediocridad, la exclusión, el clientelismo, más politiquería y con fiebre y peste amarilla, con una nueva mano o garra derecha o con masajes y las fuerzas de la garra o brazo izquierdo de la Uribestia, como lo era la llamada izquierda democrática, curar el cáncer narco-paramilitar, militarista, fascista, reaccionario y oligárquico que se había tomado casi todo el país y pretendía consolidarse impunemente y a perpetuidad en toda la nación, ya que a veces parecía peor el supuesto remedio que la misma enfermedad, para aquella convaleciente y agónica ciudad y para todo el cadavérico y putrefacto territorio de Paracolandia, que se había convertido ahora en guarida, cueva, santuario, nido de guzanos y cuartel general de la Uribestia, ese hidrofóbico e infernal monstruo que envalentonado y amenazante, mitad gallina y mitad mula resabiada y corcoveadora, se paseaba desafiante por casi todos los rincones de las ciudades y de la nación aduciendo, cacareando, rebuznando, jurando y rejurando que para ella la Uribestia, sus sanguinarios muchachos paramilitares y su tenebrosa, parasitaria, terrorista, genocida y holgazana fuerza pública no había ni un solo milímetro de territorio vedado en toda aquélla vecindad, en toda esa nación e incluso en los países vecinos y en cualquier parte del mundo, pues se sentía muy segura y protegida por su jefa, ama y señora la Bestia de las Bestias, la más terrorista y sanguinaria de las bestias, su aliada, ama, cabecilla y cómplice, aquella que comandaba el tenebroso imperio de Gringolandia y tenía su guarida principal allá por los lados de norte América, por lo tanto la Uribestia su protegida y lacaya quería también impunemente hacer y deshacer con quien le diese su criminal, sanguinaria, demencial e hidrofóbica gana, pero había quedado confirmado una vez más, en una cumbre de países de la región, que los únicos y verdaderos terroristas en Paracolandia y en toda Latinoamérica eran la demencial y diabólica Uribestia y sus criminales secuaces.
La resistencia la conformaban los miles, miles y cientos de miles de desplazados por la violencia reaccionaria chulavita y paramilitar en los campos desde hacia ya mas de 60 años, buscando refugio en la ciudades, conformando así los interminables cordones de miseria y las favelas, quedándose la Uribestia y sus secuaces en los campos con las tierras de los desplazados, desaparecidos o masacrados, pero también a la Uribestia le llegaban a la ciudad, miles, cientos de miles y millones de manos de obra a precio y valor de huevo y de esclavo, negocio redondo, pues para eso y con ese fin era su guerra, la guerra de la Uribestia y sus secuaces, para conseguirlo y tenerlo todo: tierras, medios de trabajo, materia prima, poder y mano de obra regalada, esclavos y servidumbre pretendiendo, soñando y delirando tenerlo absolutamente todo monopolizado, controlado, a su vil servicio y a sus horripilantes cascos de bestia todo, incluso el monopolio y el control exclusivo de la Vida, de los seres humanos, de la Verdad y de las Armas y además el tremendo cacareo y rebuznido que formaba por los masivos medios, cajas de resonancia y altavoces, todos a su autoritaria y vil disposición ya que siempre rebuznaba o cacareaba así:.. “-En nuestro Para...iso hay empleo, hay trabajo, si, trabajo y empleo aunque sea de esclavos y con sueldos de hambre y de miseria y además hemos pro-movido, financiado, patrocinado y legalizado el crimen, la delincuencia organizada y los escuadrones de la muerte para que nos ayuden a mantener, conservar y preservar la Democracia y las Instituciones Democráticas y desde luego claro esta nuestros criminales privilegios e intereses, pues de eso se trata nuestra Democracia y la Seguridad Democrática, bandera principal de nuestro gobierno, reinado y régimen, mejor dicho para que salgamos de dudas, el crimen organizado somos nosotros y esta representado, defendido, patrocinado y promovido por nosotros y además los Terroristas son otros, nosotros no, a nosotros que nos esculquen !! o.......-Algún problema??? - Cínica, desa-fiante, guerrerista, pandillera y camorreramente además a toda la población y a la comunidad internacional así les confirmaba y los desafiaba.
– “Yo no nací para la Política ni para la Diplomacia”, yo nací solo para ser un vil mafioso, un genocida narco-paramilitar, un politiquero, un tenebroso Terrorista y el único y verdadero Terrorista que hay aquí en Paracolandia y en Toda Latinoamérica y si no lo creen, pregúntenle a todos los países vecinos y de la Región a ver si es cierto o no”!!-, vociferaba, rebuznaba y cacareaba enceguecida y paranoica-mente por la rabia hidrofóbica que padecía aquel pobre animal, aquella pobre bestia.
Juan de la Paz y sus milicias, como podría ser cualquier otro nombre o personas, unos de los millones de desplazados y/o descendientes de estos y victimas con toda su familia de la reaccionaria, sanguinaria y terrorista guerra de la Uribestia y sus secuaces, es-taban ahora allí lo mismo en cualquier lugar de la gran ciudad como en cualquier rincón de la nación tratando aunque fuese de sobrevivir y a como diese lugar en medio de aquella tenebrosa jungla dominada por las bestias donde como en toda la nación y en todo el planeta y como siempre y desde siempre, desde las cavernas y las antiguas y prehistóricas Uribestias y hasta la fecha y sin ninguna novedad o cambio en el frente, imperaba y dominaba aún, era la ley del mas fuerte, del más asesino, del más matón, del más criminal, del más genocida, del más sanguinario, del más bestia, del más terrorista, del más troglodita, del más asesino, del mas embaucador, del más voraz, cínico y rapaz. –Hasta cuando tanta inmundicia, injusticia y bellaquería Santo Dios??- Juan de la Paz y sus valientes milicianos a Dios el Creador implorantes le preguntaban.
El Héroe principal de nuestro cuento y sus huestes, estaban allí en cualquier sitio de la jungla citadina de cemento, o de la selva tropical, precisamente luchando y combatiendo clandestina, semiclandestina o abierta pero invisiblemente, por su Dignidad, su Honor, su supervivencia y también por tratar de promover, construir y apoyar la creación de una ciudad, un país, un Estado y un mundo mucho mejor, sin ratas, politiqueros, Bestias ni Uribestias que siguiesen reinando, imperando e impunemente gobernando y legislando en la ciudad, en el departamento, en toda la nación y en todo el planeta. Estaban allí presentes, recorriendo las calles de la jungla capitalina, citadina o tropical, deambulando como vendedores ambulantes, ayudantes de la construcción, pintores de brocha gorda, brocha fina, maleteros, ayudantes de cualquier actividad, meseros, barman, parqueadores o lavadores de autos, pregoneros, embellecedores de calzado, jardineros, deportistas, vigilantes, aprendices de comerciantes, empresarios descapitalizados y en quiebra, cambalacheros, rebuscadores, extras de tv., o en los campos, en las selvas y montañas cojiéndole las tetas a las vacas, echando pica, hacha, machete, escopeta o azadón, de raspachines, leñadores, acerradores, jornaleros, milicianos etc. etc. de vez en cuando enamorando y desempeñándose en muchas otras actividades aunque todas les gustasen y lo hiciesen también solo por rebuscarse el pan y la supervivencia de cada día, a tal grado que los llamaban “los toderos” o “los mil oficios”, mientras finalmente algún día diesen con el trabajo soñado, anhelado y deseado de sus almas y pudiesen luego si, dedicársele de tiempo completo y de lleno a las actividades de sus corazones y las verdaderamente preferidas por sus inquietos espíritus de también músicos, poetas, locos y mucho más de lo que pudiese soñar y aspirar cualquier ser humano en medio de sus descuadernados, abultados y repletos trabucos y costalados de ambiciones, esperanzas, ilusiones e ideales; ya que por mas hegemonía, antidemocracia, autoritarismo, tiranía y dictadura que hubiese en aquella ciudad y el gran país...y por ende muchas frustraciones, cohibiciones, represiones, exclusiones y tragadas de sapos se apareciesen en sus caminos, al igual que la mayoría de la entusiasta y optimista población... jamás se daban por vencidos, pues siempre de las aparentes derrotas y fracasos solían salir adelante, convirtiéndolas luego en victorias estruendosas que inspiraban vida, fe, esperanza, alegría y optimismo contagiantes y desbordantes a más no poder, desde las profundas entrañas del alma, con gozo y con muchísimo placer.
Sus mentes a veces se ponían en blanco o meditaban mucho para poder contarnos sus múltiples y numerosísimas aventuras y desventuras por la vida y las vividas allí en su ciudad, o en la veredas donde residían y hacia ya mucho mas de cualquier cantidad de años, que habían nacido cuando sus familias recién habían llegado a exiliarse en la ciudad, desde los campos en las agrestes montañas andinas o de las llanuras y cálidas tierras, al igual que miles y miles, para establecerse allí en la siempre, desde hacia ya tiempos cosmopolita metrópoli en busca de un destino y futuro mucho mejor, casi todos de origen campesino o indígena, empleadas domésticas, auxiliares, aseadoras, niñeras, camareras, trabajadoras sexuales etc. y mucho más, las mujeres, y de obreros, vigilantes, policías, vendedores ambulantes o aprendices de comerciantes, rebuscadores, toderos, mil oficios y hasta de mulas, traficantes, guerrillos, combatientes o raspachines, productores, expendedores y/o vendedores de lo que fuese y también mucho más los varones, con tal de sobrevivir y no dejarse morir de hambre o rendirse y entregarse al enemigo que era lo que la Uribestia, sus secuaces y sus matones perros precisamente pretendían de los seres humanos y de toda la nación, para poder engullírselos vivos o tomarlos como rehenes, prisioneros de la guerra, secuestrarlos, extraditarlos, hacinarlos en las atiborradas mazmorras del irracional régimen de las Uribestias o usarlos como esclavos, transformarlos en sapos, en regalados y miserables informantes o mercenarios a su flaco, indigno y vil servicio. La mente en blanco que por momentos a nuestro amigo Juan de la Paz y a sus milicias les invadía, les permitía al menos por breves instantes no pensar en absolutamente nada, como queriendo descansar, relajarse y olvidarse al menos pasajeramente de todas las bellaquerías, vagabundearías e injusticias de este mundo, especialmente las impunemente cometidas por Bestias y Uribestias de todos los pelambres y desde luego las cometidas por su despreciable y abominable amo Mr. W. Bush, la Bestia de las Bestias, el terrorista de terroristas, la más sanguinaria de las Bestias; además que les daba también pereza mental concentrarse e inspi-rarse positivamente en algo sobre que narrar, pensar, escribir o hablar y que contarles a sus amigos, mejor dicho, por instantes la inspiración no les apoyaba ni les ayudaba mucho, aunque motivos, ideas y temas los hubiese infinitos y cualquier cantidad de ellos o de ellas, miles de millones rondasen incesantes como zancudos, moscas en cuerpo putrefacto e insepulto, o mosquitos calentanos por los aires a su alrededor y por dentro de sus inquietas y locas mentes, cual si estuviesen oliendo a mil demonios o untados de mierda y estiércol milenario de la terrorista y sanguinaria Uribestia
-Que diablos vamos a contarles a quienes esperan una historia, un cuento o una interesante narración???,- exclamaba inquieto y preocupado Juan de la Paz a sus amigos, allí en el sitio donde deambulaba ese día con sus infinitas huestes y sequitos de pensamientos, ideas, inquietudes, problemas, obsesiones, ilusiones, sueños, desvelos, frustraciones, amarguras, resentimientos, angustias, gozos, oraciones, inspiraciones, alegrías, felicidades, optimismos, depresiones, instintos y corazonadas vagabundas que a diario les acompañaban sin cesar fiel y firmemente escoltándolos por donde quiera que estuviesen o anduviesen tratando de sobrevivir, investigar, oír, ver, percibir, masticar, saborear y discernir todo cuanto en la ciudad, la nación y el mundo aconteciese a diario aunque muchas veces les tocaba taparse los oídos y los ojos haciendo como el avestruz, para dar a entender que no tenían absolutamente nada que ver con todo lo que a su alrededor aconteciese, pues estaban decepcionados desde hacia mucho tiempo, ya que ellos desde tiempos ha, pretendían también ser parte de la solución y no de el problema para las múltiples necesidades que en la ciudad y en la nación había, pero que jamás se les tuvo en cuenta ya que Juan de la Paz y sus milicias, al igual que la absoluta mayoría de la población, para los dirigentes de la ciudad y de la nación, siempre fueron invisibles a tal punto que parecían realmente un pueblo o una nación invisible y que solo sus fantasmas rondasen por las calles de las ciudad, por los municipios y regiones del país, por los campos, selvas y montañas, pues a veces y por lo no visibles que eran para los demás y mucho menos para las podridas clases gobernantes y sus masivos medios, es decir para la Uribestia y sus secuaces, ellos mismos se habían contagiado, convencido, autosugestionado o comido el cuento de que al igual que la absoluta mayoría de habitantes de aquélla ciudad y de la nación, no existían, ni jamás habían existido, es decir no eran visibles, por lo tanto y desde luego invisibles, claro, eran seres humanos del montón, del común, no eran hampones, matones, criminales y mucho menos represores, genocidas, terroristas o corruptos politiqueros, amigos y simpatizantes o afectos del gobierno de la Uribestia y sus políticos o de la llamada oposición, para ser visibles ante la masa popular, ante el vulgo o ante la politiquera, corrupta y antisocial clase dirigente, pues para esos delincuentes, solo contaba y existía el 25, 30 ó 40% de gente que como mansos y esperanzados borregos llevados por sus ver-dugos al matadero, al degolladero, le caminaban a la farsa electoral; pero también era cierto y muy cierto, que en aquel país llamado Paracolandia, a criminales, analfabetas, mercenarios, hampones, corruptos, limosneros, a indignos a terroristas y genocidas oficiales o estatales y paraestatales amigos y secuaces de la Uribestia y de Mr. Bush, la Bestia de las Bestias....y a los terroristas opositores, guerrilleros, insurgentes o combatientes populares o población civil levantada en armas contra el régimen, les iba muchísimo mejor, que a cualquier civil u honesto, honrado, humilde, modesto, pacífico y tranquilo ciudadano de la nación, ya que la Uribestia y sus secuaces, pretendían com-prar con caramelos, a precio de huevo, con un plato de lentejas, treinta monedas y pendejadas sobornar, acallar, asesinar o tratar de exterminar a quien se le diese la gana, de sus contradictores, pero especialmente a la oposición armada, la verdadera y real oposición.
Pero aún así y con todo eso, Juan de la Paz y sus huestes y milicias, preferían al igual que la mayoría de la población, mil veces ser seres invisibles, modestos, honrados, pobres y tranquilos parroquianos o ciudadanos del montón y del común, fantasmas de cualquier apartado y proletario barrio o de cualquier desértico o selvático rincón de la nación, aunque tuviesen que pasar muchas privaciones, necesidades y cohibiciones, pero viviendo tranquilos y en paz, aunque muchos les dijeran que lo de ellos y su causa, era simple cobardía, pasividad, conformismo, pusilaminidad, opio o consuelo de bobos, a lo que ellos replicaban con altivez Honor y Dignidad:
-Gracias al Dios Todo Poderoso, al Creador, no nos toca como a los más grandes criminales, terroristas, genocidas, hampones, ratas y asesinos de la ciudad, de la nación o del mundo, los oficiales, los gobiernistas y/o estatales y paraestatales, sus conexos, protegidos, socios y amigos los narco-paramilitares, los ricos, los nuevos ricos, los go-melos, la delincuencia, el hampa, los corruptos, los politiqueros, los traquetos, los mafiosos, los terratenientes y narcoterratenientes, la pequeña y gran burguesía, la oligarquía y los otros, encarnados y representados en la Uribestia, andando para arriba y para abajo y para todo lado, si es que podían andar, o por las perdidas carreteras del territorio departamental o nacional con una nube de perros asesinos y de presa cuidándole el culo hasta para ir al baño a defecar o tanques y tanquetas de guerra y ejércitos completos de mercenarios escoltándolos para ir a visitar sus feudos y latifundios ganaderos, sus grandes propiedades y fincas, dudosamente o muy bien sabido como habidas y siempre con la recua completa de sanguinarios galgos amaestrados ahí a la pata oliéndoles su trasero, abriéndole paso, despejándole calles, carreras, caminos, carreteras y veredas, para que pase veloz el cabecilla de las bestias, la rata, en militarizada y paramilitarizada caravana, no vaya y sea que la secuestren, la retengan o capturen por ahí la chusma, las Revolucionarias e Insurgentes Fuerzas Armadas, emboscadas a la vera de los caminos, para cobrarles los impuestos evadidos y todo lo que debiesen y se hubiesen robado, o ilícitamente hubiesen obtenido, es decir, en manos de la Justicia Popular, pues “quien mucho debe mucho teme”, rezaba el adagio, por eso era mil veces mejor ser parte de los hombres invisibles, del pueblo o nación invisible como almas o espíritus errantes y fantasmales, pero libres y sin muchas preocupaciones ni enemigos, -Así Juan de la Paz y sus huestes, con sus almas y espíritus siempre en paz, tranquilos, relajados, vagabundos, errabundos, meditabundos, parsimoniosamente decían, predecían y advertían en su heroica lucha y combate diario contra la infernal, feroz, horripilante, hidrofóbica y sanguinaria Uribestia a quien entre todos los ciudadanos de bien, los racionales, los demócratas, decentes y en general entre todos los seres humanos de aquella urbe, la nación entera, los países vecinos y la comunidad internacional, por las buenas o por las malas, de la forma que fuese menester y necesario había que capturar o darle cacería para ponerla a buen recaudo o sacrificar antes de que siguiese mordiendo, contagiando, asesinando y masacrando, con su mortal, sanguinario y venenoso virus hidrofóbico, reaccionario y terrorista a los niños, a los habitantes de aquella nación, de la ciudad e incluso a los vecinos y a toda la humanidad. Así, nuestros héroes anónimos, clandestinos, semiclandestinos e invisibles, también por seguridad, comandados por Juan de la Paz, iban por las calles de la gran ciudad o se refugiaban en los parajes de aquella inhóspita jungla citadina o selvática y montañosa, preparando su poderoso arsenal para ir en pos y cacería de aquella abominable, hidrofóbica, desalmada, sanguinaria y terrorista bestia salvaje y sus secuaces, a quienes por toda aquella nación y el planeta entero conocían con el nombre de la “Uribestia” quien con su arrogancia Hitleriana y Herodiana, junto con su tenebroso séquito de ratas y venenosas víboras de todos los pelambres, colores y venenos, que en mafias, partidos politiqueros, carteles, bandas, pandillas o cerradas y peligrosas sectas grupos y religiones idolátricas de escribas y fariseos, como abominable, nauseabunda, siniestra y tétrica plaga, tenían su guarida, madriguera, cuartel general, santuario, despacho o representación, allá por los lados de la calle Real con la plaza principal, en el centro de la capital de aquel singular país llamado así: Paracolandia, no se sabía aún muy bien por que malévola o justa y muy bien sabida causa.
Por todos los humanos era bien sabido, conocido, confirmado y reconfirmado, que La Uribestia y sus genocidas secuaces y su protectora, ama, cabecilla, aliada, financiadora, patrocinadora y sostenedora, la gran Bestia, la Bestia de las Bestias, la Muerte, la más terrorista de las bestias, que esta vez rebuznaba y cacareaba en idioma inglés y enarbolaba una bandera con franjas rojas y blancas horizontales y un poco de estrellas sobre un fondo azul y sus lacayos, títeres y servidores en todo el planeta, en todo el universo, con la muerte y resurrección de Jesús el Cristo y de todos los héroes y mártires de la Revolución Socialista y de todas las justas revoluciones de todas las épocas históricas del mundo y de la patria, hacia dos mil años, habían sido aplastados y derrotados y lo mismo que los prehistóricos dinosaurios y tiranosaurios, sus antepasados, habían desaparecido de la faz de la tierra, pero al parecer, aún se negaban a morir y a aceptar su derrota definitiva, por siempre y para siempre y por los siglos de los siglos y estaban dando aún sus últimos coletazos de Bestias sanguinarias, genocidas, terroristas y asesinas allí en Paracolandia, en los países vecinos, en Latinoamérica y en otros lugares del planeta, tratando insolente, grosera, soberbia, bravucona, amenazante irrespetuosa y altaneramente de sobornar, chantajear, comprar con migajas, con limosnas, con caramelos, con platos de lentejas, con miserables monedas, a precio de huevo o exterminar, asesinar, bombardear, secuestrar y torturar masiva o selectivamente a la Dignidad, la Razón, la Justicia, la Democracia, la Libertad, el Honor, la Verdad y la Vida y tratar de imponer por sobre todas las razones, verdades, civilizaciones, culturas, Dignidades, Vidas, Derechos Humanos y todas las personas, animales y cosas los suyo, lo concerniente a las Bestias y Uribestias y sus prehistóricos, cavernarios, criminales, sanguinarios, demenciales, satánicos, diabólicos, genocidas, hidrofóbicos y terroristas negocios, privilegios e intereses. -No tentarás al Señor tu Dios-, les contestaban entonces Juan de las Paz y sus valerosos Milicianos a la Uribestia y sus secuaces, quienes persistían intransigente y obsesivamente con migajas, solo en sobornar, tentar o tratar de exterminar, bombardear, masacrar o desaparecer a sus oponentes contradictores o adversarios y precisamente, gracias a la obsesiva intransigencia de la Uribestia y sus secuaces, Juan del a Paz y sus Huestes, se iban convirtiendo ahora y cada día más y más en Poderosos, Valientes, Heroicos y Revolucionarios Ejércitos y Milicias, dispusetos a ir hasta las últimas consecuencias, hasta la victoria final, hasta el fin del fin de la Uribestia y sus secuaces, pues para Dios, el Creador, el Todo Poderoso, el Rey de Reyes, el Comandante General de Todos los Universos y de todos los Ejércitos y para Juan de la Paz y sus Valientes y Heroicos Ejércitos y Milicias Populares y Celestiales, más numerosos, poderosos, esforzados y valientes cada día,... no había, no ha habido, no hay, ni jamás habrá Nada, total y absolutamente Nada imposible y la Victoria Final, es, ha sido y siempre será para ellos y para sus huestes, siervos, ejércitos, milicianos, descendientes, herederos, seguidores, cumplidores y hacedores de su Palabra y de su Santa, Generosa, Buena, Invencible, Indoblegable, Inquebrantable, Vertical y recta Voluntad, por los siglos, ellos siempre han estado, están y estarán siempre condenados a vencer a la Uribestia y sus secuaces, así como su reinado, su imperio, su régimen, su gobierno y la antisocial, delincuencial, oligárquico, narcoparamilitar, militarista, fascista, latifundista, dictatorial, injusto y antidemocratico establecimiento y las criminales, genocidas y terroristas estructuras que los sostienen, o mejor, que los sostenían por los siglos de los siglos y a perpetuidad. Amen.
Fin Atte: JURARI Marzo 28 de 2008
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