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El Espectador o cómo mantener el equilibrio
por Roberto Romero Sunday, May. 11, 2008 at 11:56 PM

Como un hecho refrescante han señalado varios medios y personalidades la reaparición de El Espectador como diario. Incluso, para el otrora empleado de Julio Mario Santodomingo, el director del informativo de Caracol radio, Darío Arismendi, ahora en manos del grupo español Prisa, esta “es la mejor noticia de 2008”.

Sin duda, este es un notable acontecimiento en un país que desde hace siete años prácticamente tenía un solo
diario nacional, El Tiempo, de propiedad del conglomerado español Planeta. Y más si tenemos en cuenta queenmanos de la familia Santos, que se quedó con el 45% de las acciones del periódico y los diarios regionales hanmantenido desde 2002 sin excepción, el corrosivo unanimismo uribista.

El Espectador, convertido tras 114 años de cotidiano en ellas Bavaria y Caracol radio, le apunta, pues, a tener su propio parlante impreso, en especial a la hora de las grandes definiciones. Como en la campaña electoral de 2002 cuando terció a favor de Horacio Serpa.

Recordemos como el famoso empresario le jaló las orejas al entonces director del medio, Rodrigo Pardo, por no
destacar suficientemente a Serpa. Pardo, a raíz del incidente no tuvo remedio más feliz que marcharse del
semanario. Santodomingo, después del triunfo uribista, ha dado la orden de mantener cierto apoyo al gobierno

sin desestimar un ojo crítica que muestre la “independencia secular” de El Espectador.

Al respecto es útil ver las notas del libro del periodista Gerardo Reyes, “Don Julio Mario, biografía no autorizada” donde el magnate señala que “Los medios de comunicación son como un revólver, que cuando uno lo necesita, lo saca y lo dispara”. Los tiros del industrial resuenan a diario en Caracol televisión, de su
propiedad, pues allí la orden es perentoria: nada de oposición a Uribe.

Al nuevo El Espectador, como un buen equilibrista, le tocará andar con sumo cuidado para no desilusionar al
público y caer de bruces. Por un lado, sostenerse en medio de la crisis de los medios impresos frente a las
nuevas tecnologías e internet que han llevado incluso a grandes rotativos como The New York Times, a encender
las alarmas con el despido de 100 periodistas.

Con solo 50.000 ejemplares diarios como anuncia, apenas la cuarta parte de las cotas de circulación de 1988 y
150.000 el domingo frente a los 450.000 de su eterno rival, El Tiempo, le va a costar duro rasguñar la
empobrecida tajada de la torta publicitaria correspondiente a medios impresos que solo suma 15% de los 7 billones de pesos anuales que se van a esta industria.

Y por el otro, seguir quebrando lanzas contra el unanimismo uribista, visibilizando el movimiento social y

popular, sin perder la pauta del empresario proclive a la Casa de Nariño. Una proeza que está por verse. Por lo
menos la edición de reapertura de este domingo 11 de marzo, 40 páginas de las 96 se fueron en costosa publicidad a todo color, pero siguieron brillando las buenas columnas.

En todo caso, es de saludar este nuevo sueño de los periodistas de El Espectador, que regresa como dice el
editorial “en un momento crucial de la Nación…cuando se asoma la intención de algunos de poner restricciones a
as libertades públicas. Nada mejor, para un momento así, que insistir en el respeto a la pluralidad para que muchas voces permitan dar una mirada más completa e integral a la cruda realidad nacional”.




El Espectador diario o como mantener el equilibrio
Por Roberto Romero

Como un hecho refrescante han señalado varios medios y personalidades la reaparición de El Espectador como diario. Incluso, para el otrora empleado de Julio Mario Santodomingo, el director del informativo de Caracol radio, Darío Arismendi, ahora en manos del grupo español Prisa, esta “es la mejor noticia de 2008”.

Sin duda, este es un notable acontecimiento en un país que desde hace siete años prácticamente tenía un solo diario nacional, El Tiempo, de propiedad del conglomerado español Planeta. Y más si tenemos en cuenta que en manos de la familia Santos, que se quedó con el 45% de las acciones del periódico y los diarios regionales han mantenido desde 2002 sin excepción, el corrosivo unanimismo uribista.

El Espectador, convertido tras 114 años de cotidiano en semanario, ofrecía a los lectores una posición más lejana al concierto de aplausos al gobierno proveniente de los medios, en especial la televisión. Incluso, el semanario se atrevió a romper el cerco de indiferencia que se pretendía anudar contra la marcha de las víctimas de crímenes de Estado del 6 de marzo, ofreciendo sus páginas semanas enteras para la difusión publicitaria y hasta editorializó favor de la movilización, lo que le valió el consabido regaño de José Obdulio Gaviria.

Veintinueve años antes, el director de El Espectador, el sacrificado Guillermo Cano, en una memorable acción de compromiso periodístico como pocas se han visto en el país, puso totalmente sus páginas al servicio del naciente movimiento de derechos humano, que tuvo su bautizo en el formidable acto de cierre en marzo de 1979 en el teatro “Jorge Eliécer Gaitán” de Bogotá. Eran los aciagos tiempos de las caballerizas y las torturas del régimen de Turbay con su Estatuto de Seguridad.

Y a esa ruptura de la glorificación uribista se sumaba el brillante sataff de columnistas semanales de El Espectador: Ramiro Bejarano, Alfredo Molano, Iván Cepeda, Lorenzo Madrigal, Felipe Zuleta, Lisandro Duque y hasta las irreverentes Tola y Maruja, pasando por esa pléyade de caricaturistas opositores como Osuna, Betto, Palosa, Mico.

Columnistas, que en el mismo campo de la dignidad nacional ahora como diario, se le suman María Elvira Bonilla, Rodrigo Uprimny, Patricia Lara, Luis Eduardo Garzón, Daniel García-Peña, Ana María Cano, María Teresa Herrán, Héctor Abad Faciolince, Cristina de la Torre y Willian Ospina, entre otros.

Ahora la apuesta es si se mantendrá en la liza por muchos años. En la apabullante concentración de medios en pocas manos y al servicio de los grandes intereses del capital no es fácil sobrevivir, a no ser que como la mayoría, empezando por RCN, le vendan su alma al diablo.

No hay que olvidar que el dueño casi absoluto de El Espectador es Julio Mario Santodomingo, que se apoderó del periódico hace una década ante las serias dificultades económicas que afrontaban sus propietarios, la familia Cano.

En la última década, el informativo perdió 100.000 millones de pesos. Solo en 2007 tuvo un saldo en rojo de mil millones, logrando bajar la cifra de 27.000 millones para los últimos 6 años.

Un nivel insostenible para cualquier inversionista, salvo que se quiera pagar un alto precio por estas empresas, las únicas que en el capitalismo realizan el doble milagro de tener un cometido espiritual y a la vez hacer parte del mundo industrial, precisamente para, en otro extraño prodigio para los dueños del poder, reproducir el sistema manipulando a millones de usuarios.

Santodomingo, que vendió parte de sus empresas, entre ellas Bavaria y Caracol radio, le apunta, pues, a tener su propio parlante impreso, en especial a la hora de las grandes definiciones. Como en la campaña electoral de 2002 cuando terció a favor de Horacio Serpa.

Recordemos como el famoso empresario le jaló las orejas al entonces director del medio, Rodrigo Pardo, por no destacar suficientemente a Serpa. Pardo, a raíz del incidente no tuvo remedio más feliz que marcharse del semanario. Santodomingo, después del triunfo uribista, ha dado la orden de mantener cierto apoyo al gobierno sin desestimar un ojo crítica que muestre la “independencia secular” de El Espectador.

Al respecto es útil ver las notas del libro del periodista Gerardo Reyes, “Don Julio Mario, biografía no autorizada” donde el magnate señala que “Los medios de comunicación son como un revólver, que cuando uno lo necesita, lo saca y lo dispara”. Los tiros del industrial resuenan a diario en Caracol televisión, de su propiedad, pues allí la orden es perentoria: nada de oposición a Uribe.

Al nuevo El Espectador, como un buen equilibrista, le tocará andar con sumo cuidado para no desilusionar al público y caer de bruces. Por un lado, sostenerse en medio de la crisis de los medios impresos frente a las nuevas tecnologías e internet que han llevado incluso a grandes rotativos como The New York Times, a encender las alarmas con el despido de 100 periodistas.

Con solo 50.000 ejemplares diarios como anuncia, apenas la cuarta parte de las cotas de circulación de 1988 y 150.000 el domingo frente a los 450.000 de su eterno rival, El Tiempo, le va a costar duro rasguñar la empobrecida tajada de la torta publicitaria correspondiente a medios impresos que solo suma 15% de los 7 billones de pesos anuales que se van a esta industria.

Y por el otro, seguir quebrando lanzas contra el unanimismo uribista, visibilizando el movimiento social y popular, sin perder la pauta del empresario proclive a la Casa de Nariño. Una proeza que está por verse. Por lo menos la edición de reapertura de este domingo 11 de marzo, 40 páginas de las 96 se fueron en costosa publicidad a todo color, pero siguieron brillando las buenas columnas.

En todo caso, es de saludar este nuevo sueño de los periodistas de El Espectador, que regresa como dice el editorial “en un momento crucial de la Nación…cuando se asoma la intención de algunos de poner restricciones a las libertades públicas. Nada mejor, para un momento así, que insistir en el respeto a la pluralidad para que muchas voces permitan dar una mirada más completa e integral a la cruda realidad nacional”.







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no lo creo
por anonimo Tuesday, May. 13, 2008 at 12:41 AM

los medios dependientes de trasnacionales no son fiables

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