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El manotazo
por Jorge Restrepo
Friday, May. 16, 2008 at 10:25 PM
No son claros los efectos y motivos de la extradición de la cúpula paramilitar
No son claros efectos y motivos de la extradición de la cúpula paramilitar, como en general en algo tan complejo como la política hacia la parapolítica, sobre la que hay tantos interrogantes de comprobación complicada. Lo común son aplauso o rechazo sin matiz, acomodados los hechos al criterio respectivo. ¿Está el Gobierno desmontando la guerra sucia? Y en ello lo principal: ¿se avanza o retrocede en lo que pasa por proteger la población, atender a las víctimas, liberar a rehenes o acabar con la suplantación paramilitar del Estado y la complicidad con ella?
Lo único claro es la confusión que provocó la medida, lo que proviene en ella y en casi todo hace tiempo de acción u omisión del Estado que involucran a todos, de su atrofia, por tanto susceptible a abusos, improvisaciones, bandazos, presiones e infiltraciones. Estados y leyes responsables no están sujetos a que personas o grupos hagan lo que se les dé la gana. Extradición y narcotráfico son ejemplo clásico de que, si hubiera Estado, no habría tanto sobresalto que, como este, que ya va siendo opacado por el de los computadores, dé pie a especulación e incertidumbre.
La política al respecto se llama Paz y Justicia mediante castigo, verdad y reparación. Las inquietudes sobre eso eran múltiples y hoy más. Una, si el país está conociendo la verdad paramilitar gracias a la denuncia nacional e internacional y la investigación judicial, o a la acción del gobierno, y si ahora quedaron truncas precisiones, confesiones o testimonios en varios procesos. Otra, si extraditar esquivó el debido proceso nacional, o fue un castigo justo y golpe a las mafias, y si los extraditados responderán solo por droga y no por su responsabilidad en la tragedia humanitaria; también, si es castigo un sistema penitenciario donde se burla la autoridad, aun donde es 'máximo'. Duda igualmente mayor es si el pacto con E.U. garantiza reparación debida y prometida a las víctimas; es dudoso que lo que no estaba consiguiendo Colombia lo logre E.U., que sigue apretando su control sobre el país.
Subsiste, por otra parte, toda la complicación histórica alrededor de la extradición, no solo por traumas e implicaciones graves de la guerra contra el crimen por su causa, sino por la ambigüedad de su utilización como sanción y disuasión, alusiva a incapacidad penal del Estado, confirmada ahora por el desfallecimiento de una ley en particular.
Solo como análisis, puede separarse la medida de su motivación, que complica aún más, pero que sea cual sea tiene que ver en el fondo con debilidad del Estado, cuando se puede reformar su Constitución en forma discutible y se lo sigue haciendo según interés personal o de grupo. Es normal que un presidente en campaña, con sus partidarios y su gobernabilidad amenazada, su reelección cuestionada y otra en preparación, dé pie a pensar en otro recurso gubernamental más a maniobras de distracción. La debilidad del Estado se manifiesta cuando se confunden candidato y jefe de Estado, legalidad y autocracia. Al pragmatismo autoritario gobernante debe reclamársele que la ganancia social en medidas intempestivas como esta no permita duda entre ley, razón de Estado o cálculo politiquero. Es deber del Gobierno, no favor suyo, dar paz y justicia, pero no se ve este cómo, cuando en su diagnóstico y su actuación prosigue la misma deformidad de los anteriores, de los cuales es la continuidad.
© EL TIEMPO
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