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Tiscayá
por Eduardo González Villegas
Thursday, Nov. 06, 2008 at 7:40 PM
Tiscayá es el nombre de un excelente dueto antioqueño que integraron los hermanos Efraín y Jairo González y es además una palabra indígena que significa “hombres que cantan y bailan a la luz de la luna”.
Indios, a secas. Indios más inteligentes de lo que la mayoría cree y, sobre todo, comunidades coherentes con sus principios, creencias, tradiciones y características culturales. Indios decididos a reivindicar los derechos, que por siglos les han pisoteado los dirigentes ‘blancos’ y que la sociedad les niega con un cinismo tan despectivo que hasta convirtió en insulto su propia denominación: ¡indio!
Indios a quienes se mira como seres de segundo orden y que han dado una lección de dignidad que ya podrían ir imitando muchos de los que sienten la obligación de caer de rodillas ante la presencia del Presidente de la república. Y es que cuando el domingo anterior este acudió, por fin, a reunirse con los indígenas (encuentro al que se hizo esperar por dos horas), no halló el auditorio sumiso y postrado al que está acostumbrado, sino una asamblea firme, con la frente en alto, segura de que sus peticiones no son embelecos de ignorantes, ni exigencias de terroristas de izquierda, ni mucho menos escarceos de la oposición.
Los indios se negaron a que los políticos que acompañan al Principito convirtieran la reunión en un consejo comunitario de esos en los que el protagonista se salta todos los conductos regulares y ordena -contra el presupuesto nacional o regional- que se levante un muro, se detenga a un funcionario, se arregle una vía o se le otorgue cupo escolar a un niño; los indios, decía, se enfrascaron en una discusión de tú a tú con Uribe, sin miedo a los ya conocidos regaños presidenciales. Por eso se sentaron cuando sonó el himno nacional y ante la queja de aquel le dijeron, claramente, que ellos no tenían nada contra el himno, que no estaban irrespetándolo, sino que se trataba de una protesta simbólica contra el Estado excluyente que ese himno representaba en esa ocasión. ¡Eso es valor y coherencia con lo que se cree, se piensa y se siente!
Seis horas duró la cita. Y en ella el Presidente tuvo que aceptar que Colombia acogiera la Declaración Universal de los Pueblos Indígenas, de las Naciones Unidas, que se presentará en marzo del 2009. Y que no nos vayan a salir ahora con el cuento de que eso demuestra la generosidad del mandatario, porque no fue una donación (como las de Familias en Acción, para asegurar los voticos), sino el sí obligado a unos derechos esquilmados desde el poder central.
También tuvo que desistir de mantener a la Policía en la vereda La María, “cuidando” a los indígenas como si fueran delincuentes.Y por si fuera poco, no le quedó más alternativa que ofrecerse a acompañar las investigaciones por los desmanes cometidos contra el resguardo por esas mismas autoridades, y documentados en un video en el que vio esas acciones abusivas que, hasta el domingo, su gobierno se empeñó en negar de manera sistemática.
Los indios van a marchar hasta Bogotá, donde esperan poderse reunir de nuevo con el mandamás de los ‘blancos’, para ver si adelantan otro poco en sus peticiones -enfáticas, pero respetuosas- pues no se comieron el cuento de que basta con la presencia mesiánica de Uribe para que todo quede resuelto. No, esos hombres que cantan y bailan a la luz de la luna saben que si a alguien le queda dignidad en este país, es a ellos.
Y por eso no quieren bajar más la cabeza.
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