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La cárcel: Otra forma de violencia contra la mujer
por Carmen Garavito
Thursday, Dec. 04, 2008 at 7:17 AM
Las mujeres que están recluidas en un establecimiento carcelario son desarraigadas de su familia, no pueden ejercer un control sobre la educación y formación de sus hijos
No solamente en Colombia sino
en gran parte de América Latina,
las mujeres recluidas son
víctimas de toda clase de atropellos en
lo que atañe a lo jurídico, la aplicación
de las leyes, los derechos fundamentales
de respeto a la persona, su dignidad
e integridad. En Colombia, año tras año,
las cárceles son colmadas de mujeres por
diversos actos delictivos generalmente
producto de una sociedad descompuesta.
Y son muchas las mujeres que han
cometido delitos en defensa propia o de
sus hijos; delitos contra el patrimonio
económico, tráfico de estupefacientes y
delitos menores. Mujeres que cometieron
el «delito» de pensar diferente y perseguir
ideales para vivir en una sociedad
más justa, son sindicadas por rebelión
o terrorismo. Algunas cuentan con
la fortuna de estar en las cárceles del
país, otras como Sonia han sido extraditadas
a las cárceles de Alta Seguridad
de Estados Unidos, en condiciones infrahumanas
y de total aislamiento y discriminación.
La mayoría de mujeres recluidas
son menores de 50 años, madres
solteras o separadas que tienen a su cargo
el sostenimiento del hogar.
Es un cuadro lamentable pasearse por
nuestra geografía y encontrar que en todas
las regiones, casi sin excepción, existen
mujeres privadas de la libertad.
En Leticia 10 sindicadas y cinco condenadas.
En Boyacá son 102 sindicadas
y condenadas 51. Caquetá 20 son sindicadas
y condenadas 15. En Bogotá son
1.283 mujeres recluidas, todas en el Pabellón
de Alta Seguridad. 580 han sido
sindicadas y condenadas 703. Llama la
atención que en Huila, en poblaciones
como Garzón, La Plata, Pitalito y Neiva
hasta el mes de septiembre eran 73 las
mujeres recluidas, 63 sindicadas y 10
condenadas. En el Meta, en Villavicencio,
son 70 mujeres recluidas, 37sindicadas
y 33 condenadas.
Un caso atípico
Tendríamos que preguntarnos qué
pasa en el Guamo, Tolima, donde hay 102
mujeres recluidas, sindicadas 19 y 83
condenadas. No hay hombres recluidos.
¿Qué delitos están pagando estas mujeres?,
¿Actuaron en defensa propia o de
sus hijos? La verdad hay que investigarla.
¿O será que de verdad es el único lugar
de Colombia donde el hombre entiende
de respeto y derechos? En la región
del Cauca hay 160 mujeres en las cárceles
de Santander de Quilichao y Popayán,
44 sindicadas y 116 condenadas. En
las cárceles de Ipiales, Tumaco, Túquerres
y Pasto hay 114 mujeres encerradas,
21 sindicadas y 93 condenadas. En Putumayo,
39 recluidas, 24 sindicadas y 15
condenadas. En las ciudades de Buenaventura,
Tuluá, Palmira y Cali se encuentran
privadas de la libertad 480 mujeres,
la mayor parte están en la reclusión de
mujeres de Cali. 230 han sido sindicadas
y 235 condenadas. En la región del Norte
se concentran 243 mujeres, la mayor
parte en el Cesar y 30 en Córdoba, 50 en
Santa Marta y 46 en Sincelejo. Solamente
en Magangué y Cartagena no existen
mujeres recluidas. En total hay 102 mujeres
sindicadas y 141 mujeres condenadas.
En Barranquilla hay 3 sindicadas políticas
y en Valledupar, en la Cárcel de
Alta Seguridad, Establecimiento de reclusión
especial, 92 mujeres. 16 sindicadas
y 76 condenadas. En Arauca 14 mujeres,
11sindicadas y 3 condenadas. Entre
Ocaña y Cúcuta hay recluidas 103,
sindicadas 34 y 69 condenadas. En Bucaramanga
hay 323 mujeres recluidas,
114 sindicadas y 209 condenadas. En
Antioquia, 417 mujeres. La mayor parte,
375, se concentran en Medellín. 73 sindicadas.,
344 condenadas. En Quibdó 13
recluidas, 9 sindicadas y 4 condenadas.
Entre Manizales, Armenia, Pereira, Ibagué
y Cartago, existen 569 mujeres recluidas,
192 sindicadas y 377 condenadas.
El hacinamiento,
una tortura
En resumen, según las estadísticas
del INPEC, hasta el mes de septiembre
había 4.159 mujeres privadas de la libertad,
1638 sindicadas y condenadas
2.516. A esto se le suma el hacinamiento
general de las cárceles en un 29.3 por
ciento, su capacidad poblacional es de
53.909 y actualmente sobrepasa los
69.689. La mayor parte de presas políticas
se encuentran en la capital del país.
«En nuestro país, en contravía con
los tratados internacionales sobre tratamiento
de la población reclusa, no existen
instituciones diferenciadas para las
mujeres que están sindicadas y aquellas
que están condenadas. Para las mujeres
esta situación se presenta tanto en las
reclusiones femeninas como en las cárceles
mixtas donde se utiliza un patio o
cualquier otro espacio para albergar a
las internas. La detención de mujeres en
centros para varones se hace de manera
improvisada, ya que sólo se aplica el criterio
de mantenerlas físicamente separadas
de los hombres, y el Estado no tiene
en cuenta sus necesidades particulares;
por esta razón no adecúan las instalaciones,
el personal de custodia y vigilancia,
la atención médica, la alimentación,
los programas de trabajo y estudio,
ni brinda posibilidades para que los
hijos e hijas permanezcan con sus madres
los tres primeros años de edad».
Violencia física,
simbólica y sicológica
A la mujer privada de su libertad se le
maltrata sicológicamente despertando
sentimientos de culpa por abandonar a
su familia, por haber cometido delitos
contra el Establecimiento o por tener más
de un compañero o una opción diferente
a la heterosexualidad. Las mujeres que
están recluidas en un establecimiento
carcelario son desarraigadas de su familia,
no pueden ejercer un control sobre la
educación y formación de sus hijos, existe
mucha incertidumbre, ni siquiera se puede
acceder a las guarderías de manera
permanente para ver a sus pequeños hijos,
mucho menos con los hijos e hijas
que están fuera del penal.
El personal administrativo, profesionales
y las guardias intervienen moral,
física y sicológicamente, un ejemplo es
el siguiente testimonio: «las guardias
nos gritan ¿por qué no pensaron en sus
hijos antes de cometer delitos? ¡aquí
ahora sí vienen a llorar!».
«La autoridad ejercida por el personal
de las instituciones de reclusión se
hace mediante la aplicación de sanciones
y castigos, en muchos casos arbitrarios,
que se fundan en criterios subjetivos
como juicios de valor o el nivel de
empatía de la interna con la guardia y la
administración del penal. Estas prácticas
que atentan contra la dignidad de las
mujeres incluyen acciones como: aislamiento
por largos periodos de tiempo,
imposición de trabajos de limpieza sin
remuneración, supresión de las visitas
íntimas y familiares, investigaciones disciplinarias
e interposición de informes,
traslados intempestivos y/o la confinación
en calabozos. También se restringen
el ingreso a los espacios de trabajo
y educación y los permisos de salida de
72 horas; se realizan requisas repentinas
durante las cuales se decomisan objetos
de uso cotidiano, como libros, radios
y cigarrillos, y, en algunos casos la
agresión es física contra las internas exigiéndoles
que se desnuden ante la guardia
». A lo anterior se suma el sinnúmero
de abusos sexuales a las internas, especialmente
cuando no hay una planificación
en el sistema penitenciario y carcelario,
así lo confirma un informe de la
Procuraduría cuando afirma: «La presencia
de funcionarios penitenciarios de
sexo masculino en los módulos de alojamiento
y demás dependencias crea un
caldo de cultivo más favorable a los abusos
sexuales que si las mujeres fueran
custodiadas por funcionarias».
Lo cierto de toda esta realidad de la
«seguridad democrática» es que la población
carcelaria sigue creciendo vertiginosamente,
en los últimos diez años
se ha quintuplicado el número de mujeres
privadas de la libertad y de igual manera
crece su discriminación y violación
a los derechos fundamentales de los seres
humanos. Esta situación debe servir
de reflexión al resto de mujeres para
crear una verdadera red de mujeres luchadoras
y defensoras de todo acto violatorio,
arbitrario y de discriminación
contra hombres y mujeres; desarrollar
políticas y proyectos que se plasmen en
la Constitución Política de Colombia en
aras de un futuro eminentemente humano
y justo, un mundo mejor para nuestros
hijos e hijas.
www.geocities.com/vozxcol/voz.pdf
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