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Los acorralados
por Pedro Medellín Torres
Tuesday, Feb. 24, 2009 at 9:49 AM
El afán de destruir información confidencial en el DAS puede indicar que algo debe comprometer muy seriamente al Gobierno.
No hay otra explicación. Alguien debe estar muy cerca de algo, que otro alguien quiere impedir que se conozca. Y ese algo debe estar detrás de la afanosa orden, impartida a algunos funcionarios del DAS, de recoger y destruir la información contenida en discos duros, CD, archivos de voces y documentos confidenciales, que estaban en la sede principal y las sedes externas de ese organismo de seguridad, según publica la revista Semana.
Demasiado poder institucional como para creer que se trata de borrar las huellas del negocio de un grupo de corruptos.
Más bien, el afán puede indicar que ese algo debe comprometer muy seriamente al Gobierno. No de otra manera se puede entender cómo no haya reaccionado para impedir que funcionarios de un organismo directamente dependiente del Presidente, como el DAS, sigan recurriendo a prácticas ilegales como las interceptaciones de llamadas o correos electrónicos. Sobre todo, habiendo padecido los altos costos políticos que internacionalmente tuvo que pagar por las filtraciones de información que primero revelaron estrechos vínculos del DAS con organizaciones paramilitares y luego dejaron ver la cotidianidad de los seguimientos a periodistas y políticos de la oposición.
Y mucho menos se entiende que, ahora, el Gobierno haya querido desmontarse del nuevo escándalo, acusando a "una mafia enquistada en el DAS" de ser la responsable de todo lo que está ocurriendo, como si de verdad el DAS estuviera por fuera del control gubernamental. Pero no lo está. En sus declaraciones a Semana, los funcionarios han reafirmado: 1) Que en el DAS "se trabaja por blancos y objetivos que puedan ser una amenaza a la seguridad del Estado y del Presidente" (eso ha sido siempre y es ahora); 2) Y que además de la guerrilla, las bandas criminales y algunos narcos, entre esos objetivos también está mantener informado al Presidente sobre las actuaciones de ciertos "personajes e instituciones" (como ha ocurrido en todos los gobiernos); y 3) y que en este gobierno, claro que es "misión del DAS controlar a Petro, que es un ex guerrillero y es de la oposición. O a Piedad Córdoba, por sus vínculos con Chávez y la guerrilla". (¿No es así como el presidente Uribe ha señalado, tácita o explícitamente, a Petro y a Piedad?)
Lo que preocupa es que, a diferencia del pasado, frente a las crisis, los que gobiernan reaccionan como si estuvieran acorralados. Y usan al DAS en consecuencia. Según el informe, "cuando se agudizó el enfrentamiento entre la Corte y la Presidencia, hace como un año y medio, la orden era saber todo lo posible de todos los magistrados, con los medios que fueran necesarios, desde fuentes humanas hasta medios técnicos". ¿La orden? ¿Quién dio la orden? ¿Se trataba de mantener informado al Presidente del curso que llevan las decisiones judiciales?¿Buscaban elementos para entorpecer las investigaciones? Aquí todavía están muchas cosas por aclarar ¿Mafias enquistadas?
Quizá el origen del problema está en lo que en el informe de Semana llaman el cambio de la relación del DAS con la Casa de Nariño. Dicen los detectives que si antes se necesitaba algo del DAS, "el Presidente era quien llamaba directamente al director o viceversa". Pero "desde hace unos cuatro años casi cualquiera de los altos funcionarios de Palacio puede llamar acá a pedir cualquier tipo de favor sin necesidad, incluso, de pasar por el director"... "piden lo que necesitan, sin importar lo que sea". ¿Altos funcionarios de Palacio? ¿Pidiendo lo que necesitan? ¿Sin importar lo que sea?
El DAS ha llegado a un nivel de desinstitucionalización tan profundo, que perdió la perspectiva estatal. Se ha privatizado al servicio del Gobierno. Y cuando eso pasa, el DAS termina reducido a un pequeño organismo reactivo de seguimientos y escuchas de todos aquellos que amenazan los intereses personales de los que gobiernan o estorban sus maniobras por permanecer. Y que cruje, como lo está haciendo ahora, cuando alguien que se opone, al dar muestras de que está muy cerca de algo que se debe saber, los hace reaccionar como si estuvieran acorralados.
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