Entre el alud de declaraciones formuladas a raíz del escándalo por las interceptaciones ilegales del DAS, me llamó la atención la pronunciada por el jefe de prensa de la Casa de Nariño, César Mauricio Velásquez.
Con un lenguaje propio del Opus Dei, congregación a la que pertenece, Velásquez le salió al paso a la propuesta de Juan Manuel Santos de acabar con el DAS y dijo que a esa entidad, en lugar de cerrarla, hay que “PURIFICARLA”.
El Diccionario de la Real Academia de la Lengua tiene varias definiciones para el verbo purificar, todas con una clara carga espiritual: 1. “Quitar de algo lo que le es extraño, dejándolo en el ser y perfección que debe tener según su calidad. 2. Limpiar de toda imperfección algo no material. 3. Dicho de Dios: Acrisolar las almas por medio de las aflicciones y trabajos”.
¿Será entonces que lo que propone César Mauricio es quitarle al DAS lo que le es extraño “dejándolo en el ser y perfección que debe tener”? ¿O quizá lo que pretende es que lo “limpiemos de toda imperfección”? ¿O será que su intención es ponerle un cilicio al Director del DAS para “acrisolar su alma” por medio de esa aflicción?
Ignoro cuál de esas acciones es la que el Jefe de Prensa de la Presidencia pretende que se acometa en el DAS. Lo que sí es muy revelador es que haya utilizado el verbo ‘purificar’ para referirse a algo tan terrenal como el organismo encargado de hacer la inteligencia del Estado. Revelador de que en el entorno inmediato del Jefe de Estado existen personajes como Velásquez y José Obdulio Gaviria, que están convencidos de que este Gobierno adelanta una cruzada para ‘purificar’ al país de aquellas almas impuras que quieren contaminarlo. Incluyo a José Obdulio en el paseo, porque él también es experto en dar declaraciones cargadas de misticismo. Para no ir más lejos, anteayer, al rechazar los ataques de quienes lo sindican de ser el Montesinos criollo y de estar detrás de las ‘chuzadas’ del DAS, lanzó una apocalíptica sentencia: “Que mi sangre se derrame sobre ellos”.
Las creencias religiosas de este par de miembros del sanedrín de Palacio son respetables. Lo que sí preocupa es que unas ‘almas’ tan cercanas al poder tengan esa visión del rol que cumple el Gobierno. Porque cuando alguien le da alcances divinos a la labor que cumple, automáticamente valida todos los procedimientos que desarrolle para cumplirla. Como por ejemplo, espiar a aquellos que osen contradecir a quien ve como su mesías.
Vistas las cosas desde esa perspectiva, espiar a los opositores es una simple anécdota, una nadería necesaria para anticiparse a las confabulaciones perversas que urden los personeros del mal. Y como el mal adopta muchas formas, la labor ‘purificadora’ debe extenderse al mismo Gobierno, por lo cual no es extraño que altos funcionarios, y hasta la mujer del Presidente, también fueran ‘chuzados’.
En este escándalo de las ‘chuzadas’, el DAS es un simple instrumento. Por eso, cerrarlo o entregarle sus funciones a la Policía no soluciona nada. Mientras en los círculos más cercanos del Presidente persista esa visión mística de la tarea que desarrollan, sus ‘cruzados’ siempre encontrarán nuevos instrumentos para cumplir la labor que, como designio divino, les correspondió en su periplo terrenal.