|
!AY MANIZALES DEL ALMA!
por Alberto Pinzón Sánchez
Saturday, Jun. 13, 2009 at 10:38 AM
13.06.2009
En 1974 cuando llegué a Manizales a concluir los estudios de Medicina en el Hospital Universitario, la ciudad me pareció telúrica. Mirando hacia arriba, impactaba la reluciente cumbre helada del volcán apagado del Ruiz y hacia abajo, la mirada se iba al infinito con las ondulaciones montañosas cada vez más azules que atraviesa el río Cauca, hasta desaparecer en una maravillosa tonalidad terracota del sol de los venados, cayendo en el mar Pacifico. Había leído el libro de José Fernando Ocampo sobre la renta estratificada del suelo que producían aquellos exóticos faldones montañosos, convertidos en pujante centro comercial por la tenacidad dominante de los latifundistas cafeteros exportadores, y sabía del severo control que la Curia católica ejercía sin contemplaciones desde el siglo pasado sobre sus 300 mil habitantes, mediante patrióticas hojas parroquiales diarias, iglesias, conventos, ordenes religiosas, escuelas, colegios y universidades.
De repente, su geología afloró en el ambiente social. Había habido cambios en la rectoría de la universidad del Estado y un rico médico librepensador seguidor de Freud, ahora inducía tímidas reformas en los claustros; mientras el comandante del batallón de la ciudad general Faruk Yanine y el arzobispo reunidos con los cafeteros, maniobraban intensamente para sacarlo de la rectoría y poner en su lugar a alguien del gremio cafetero, conservadurista, represor y piadoso.
Se iniciaban grandes y combativas demostraciones de masas estudiantiles y profesorales, apoyadas por trabajadores y clases medias en favor de continuar y ampliar las reformas, que como un eco tardío de las luchas por la Democratización real del país traían desde fines de la década anterior, obreros, artesanos, campesinos, estudiantes y otras clases medias. Se discutía con ardor en toda la constelación ideológica llamada Izquierda. Desde los restos de la juventud revolucionaria (¿) liberal del presidente de ese momento López Michelsen, los “nadaistas mefíticos” de Humberto de la Calle, hasta marxistas-leninistas-pensamiento mao-tse-tung-línea-enver-hoxa-tendencia-proletaria-no-revisionista del sindicato de la fabrica de tejidos Única. Me reía de la trágico-cómica versión peruana relatada por Vargas Llosa. En Manizales, donde contrariamente a lo que él dice la ficción superó la realidad, no hubo quien lo escribiera.
El conflicto ideológico chino-ruso marcaba las pequeñas discusiones locales, dejando heridas internacionales profundas. Los admiradores de los Rusos hacían malabares para defender con cualquier razón sus invasiones armadas, mientras los “dasibaos ” o carteles manuscritos usados en la revolución cultural china, con todo tipo de injurias argumentando lo contrario, empapelaban los desteñidos muros de la universidad, y los auto nombrados trotskistas comandados por su representante el estudiante de veterinaria “Plasta “, se desgañitaba atacando a todos los demás gritando “esto era una caricatura de revolución, porque no se había declarado Socialista”. Resultó muy fácil cambiar de rector e iniciar la “revancha” de la recuperación sangrienta institucional.
En aquel magma hirviente de masas democráticas conocí personas realmente valiosas, que poco después morirían ejecutadas por el Estado: Una fue el joven estudiante de Derecho Bernardo Jaramillo Ossa, quien en su naciente liderazgo contagioso de alegría, nunca se cansó de hacer llamados públicos a la cordura. Su conducción Democrática y comprometida con los trabajadores fue abortada un poco más tarde cuando fue ejecutado por el Estado. Otro fue el paciente y leal presidente de la Federación Trabajadores de Caldas Rubén Castaño, ajusticiado después junto con sus hijos por sicarios del batallón de Manizales. Y otro inolvidable, fue el humilde indígena Virginio Guapacha, destacado por los resguardos de Cañamomo y Lomaprieta de Riosucio para fundar en el sindicato agrario de Fensuagro, muerto luego en un extraño accidente cuando viajaba para su rancho.
También recuerdo como contradictor irreconciliable en las asambleas conjuntas que se realizaban al profesor Jorge Enrique Robledo. Su cabello aún era negro y su chaqueta de paño roja a cuadros negros era inconfundible. Defendía entre tanta estridencia y caos con estudiados argumentos y sinceridad, los puntos de vista esbozado por su partido MOIR para las trasformaciones revolucionarias en Colombia, y como decía uno de sus contradictores resaltando su consecuencia (que al parecer ha conservado hasta el día de hoy) -“Con él sabía uno a que atenerse”.
Hoy me entero que un destacado grupo de parlamentarios del Partido Comunista, aglutinados unitariamente con el senador Robledo en el Polo Democrático Alternativo(PDA), a quienes se añade la senadora del Partido Liberal Piedad Cordoba, (todos ellos luchadores sociales por la verdadera Paz, la Justicia integral y la Democracia en Colombia) va a ser investigado judicialmente por Alejandro Ordóñez, el elegido por el Uribismo con los votos del Senador Petro como procurador general de la nación, así mismo conocido no solo en Colombia sino en el mundo entero por su extravagante desvarío religioso de haber quemado los libros Marxistas y ateos que existían en la Biblioteca Publica de la ciudad de Bucaramanga, en compañía de su intimo Hugo Mantilla, aquel fanático de Tradición Familia y Propiedad (TFP), quien años después se vio envuelto en el poco claro episodio del intento de golpe militar contra Samper Pizano y que culminó con las ejecuciones de los golpistas Gómez Hurtado y del profesor politólogo Chucho Bejarano; razones por las cuales Mantilla debió asilarse en Suiza en donde falleció sin decir nada.
Hay varias explicaciones políticas y hasta religiosas a esta razzia provocadora del agonizante Fascismo Uribista a la que se ha sumado el Fiscal Iguarán y que, los mismos perseguidos aclararán en sus respectivos juicios. Por lo pronto la evocación a la luz telúrica de Manizales y a mi experiencia allí, me permite confirmar aún más que en Colombia si existe un innegable y verdadero Fascismo como el descrito por el poeta comunista alemán Bertold Brecht en su tan citados y conocidos versos de ”primero se llevaron a los Comunistas pero a mi no me importó. Yo no era Comunista”…
|