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La encrucijada económica
por El Heraldo
Saturday, Jun. 13, 2009 at 1:14 PM
El ciclo depresivo de la economía nacional sigue profundizándose aún más a juzgar por algunos indicadores revelados en el transcurso de esta semana.
Lo anterior no es de extrañar en tanto que las principales naciones industrializadas del mundo no logran todavía revertir la caída de su producción, como tampoco la venta de sus productos.
La profunda interdependencia de nuestra economía con la del resto del planeta ha quedado en evidencia este año, contradiciendo así a quienes sostenían que estábamos ‘blindados’ frente a la recesión que se viviría en aquellos países. Es posible que nuestros niveles de estancamiento no sean tan marcados, pero definitivamente a salvo no estuvimos de sus coletazos.
Así, al menos, lo han estado reflejando varios indicadores macroeconómicos en los últimos meses.
Tal es el caso, por ejemplo, de la producción industrial. Según una encuesta que se aplica mensualmente a ocho gremios de ese sector, la producción, que en marzo había caído 5,9%, en abril lo hizo en 7,3%. Las actividades que más cayeron habrían sido la automotriz y la de los electrodomésticos.
Con esa notoria caída de la producción, no es de extrañar el aumento en el número de personas desocupadas en edad de trabajo, como lo reportó recientemente el Dane.
En concordancia con esa tendencia de la producción, igualmente las importaciones colombianas cayeron en 21,3% en el pasado mes de abril, en comparación con el mismo período del año anterior.
Las compras al exterior son un indicativo del estado de la economía. Un mayor volumen de ellas no solo representa una saludable capacidad de compra de los colombianos, sino que también puede significar una gran demanda de materias primas por parte del sector manufacturero.
En ese contexto, la caída de las importaciones tan solo viene a ratificar, una vez más, la disminución del ritmo de crecimiento de nuestra economía, como es evidente en todos los sectores de la producción.
A estas alturas, pues, del año, nadie sensato puede negar, ni minimizar, los problemas que estamos enfrentando en el frente económico, porque ellos nos golpean a todos. Basta, en efecto, conversar con alguien de nuestro entorno más inmediato para verificarlo así.
Lo que en realidad sorprende es que varios estamentos del país no se percaten de lo que está sucediendo, o por lo menos en todas sus dimensiones. Es como si estuvieran aislados del acontecer diario del país, ajenos al pulso cotidiano de la nación.
Lo anterior es innegable, por ejemplo, con respecto a los partidos políticos que tienen asiento en el Congreso de la República. Precisamente quienes más responsabilidades y más capacidades tienen para incidir en la marcha de la economía.
Y la razón de esa actitud la conocemos de sobra: el proyecto que posibilitaría una segunda reelección inmediata del Presidente de la República, que ha demandado de los partidos prácticamente todas sus energías. Los de la coalición de Gobierno, para sacarlo adelante a cualquier precio, y los de la oposición, a hundirlo, también a como dé lugar.
En esas se la han pasado toda esta legislatura y, si nos atenemos a las noticias que han trascendido, que de no ser posible el referendo reeleccionista se estaría convocando una asamblea constituyente, el asunto se tornaría más preocupante.
Volver a embarcarnos en un proceso de esa envergadura le acarrearía al país unos enormes costos, no solo financieros, sino políticos e institucionales que desde ya consideramos demasiado onerosos para los que ha tenido que asumir.
Si con la reforma política y la reelección nos hemos consumido dos años de discusiones, no queremos imaginarnos lo que sería entrar a discutir la viabilidad de una constituyente que tendría, además, como una de sus funciones abocar aquel mismo tema que tanto ha polarizado a los colombianos.
Y mientras tanto, la economía quedará desatendida con todas sus secuelas para el común de los ciudadanos, quienes quedaremos a la espera de su reactivación por la sola gracia de Dios.
Inquietante, pues, el posible panorama que se nos pinta en el futuro inmediato por cuenta de la reelección. Así las cosas, solo nos queda esperar que el Presidente resuelva pronto la encrucijada en que se halla su alma, y el Congreso decida el texto final del proyecto de referendo reeleccionista.
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