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El guiño
por Ramiro Bejarano Guzmán
Wednesday, Jul. 01, 2009 at 5:40 AM
www.elpais.com.co
Julio 01 de 2009
Como si la experiencia del nefasto e inaceptable golpe de Estado a que condujo la tozudez del Presidente de Honduras, de pretender realizar una consulta para hacerse reelegir en contra de lo decidido por la Justicia, las sensatas advertencias del presidente norteamericano Barack Obama del pasado lunes hacen que Uribe regrese de Washington con el rabo entre las piernas.
En efecto, que Obama le haya dicho en su propia cara a Uribe que basta con dos períodos presidenciales y que, además, le haya precisado que no se puede manipular o alterar el proceso electoral “o que se repriman las voces de la oposición”, porque la gente quiere cambios, es suficiente advertencia de que en la Oficina Oval de la Casa Blanca no verían con buenos ojos que el Mandatario colombiano se quede por otro período en el cargo.
Y eso que nadie le habló a Obama de las escandalosas compraventas de notarías con las que aceitaron la tramposa primera reelección de Uribe, acusación que nuevamente salpica de manera severa a los hijos del Presidente, Tomás y Jerónimo, quienes salieron a defenderse de manera tan precaria como abusiva. Lo último porque utilizaron la página web de la Presidencia para emitir uno de sus comunicados, la cual, hasta donde llegan mis conocimientos, es de exclusivo uso oficial.
El Gobierno no podrá decir que el mensaje claro y directo de Obama proviene de alguien que tenga añoranza de las Farc o que sea un auxiliador de la insurgencia o de un enemigo de la Seguridad Democrática o de la oposición hirsuta, como lo ha hecho con todo aquel que se atreva a pensar que esta democracia merece otra opción. El recado llega del más importante y popular aliado.
Uribe, después de recibir semejante garrotazo, pareció no entender el mensaje norteamericano, pues no otra cosa se desprende de su petición a la prensa que estaba presente, en el sentido de advertirles que es necesario diferenciar entre “la discusión sobre si un presidente debe o no quedarse un periodo más en el poder” y “la solidez de las instituciones colombianas”. Ahora sólo falta que Uribe pretenda sostener que lo que Obama le dijo fue en abstracto y que nada tiene que ver con él ni con su ciego empeño de desestabilizar precisamente las instituciones.
Todo indica que Uribe, después de recibir señales muy claras de que en la Casa Blanca no lo ven con los ojos de antes, ensayará un discurso fundado en que su permanencia en el poder se justifica en función de la estabilidad institucional. O, lo que es lo mismo, dirá, si me quedo no habrá desastre, pero si debo irme, vendrá la hecatombe. Eso, en términos institucionales, es lo más parecido a un chantaje.
Uribe debería asumir desde ya que su empeño en quedarse, cuando desde todas partes del planeta le están diciendo que no lo haga, va a hacer aparecer su salida no como la de un mandatario al que se le venció su período, sino que sonará como lo más parecido a la caída de un gobernante que quería perpetuarse en el poder a como diera lugar.
Los amigos de Uribe y él mismo deberían sentarse a preparar su salida con tranquilidad, no sólo la personal sino la institucional. Le llegó la hora de pensar no sólo en él.
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