|
|
|
 | |
El poder y los medios
por Carlos A. Lozano Guillén
Wednesday, Jul. 15, 2009 at 8:58 AM
carloslozanogui@etb.net.co
Como ha sido su costumbre, el
presidente Uribe Vélez, cada vez
que está acosado por los escándalos presidenciales
(los más recientes: el segundo
capítulo de la “yidispolítica”, la dudosa
fi nanciación de las firmas del referendo
reeleccionista, el traslado de la Base
de Manta a cinco bases en Colombia y el
cada vez más creciente clamor contra la
segunda reelección, incluyendo al presidente
Barack Obama y a la secretaria de
Estado, Hillary Clinton), resuelve dar pasos
en apariencia audaces que afectan el
inamovible de la “seguridad democrática”.
En esta ocasión lanzó al aire, en forma
improvisada, antes de viajar la semana
pasada a Estados Unidos, la autorización,
negada en los últimos tres meses, para que
la senadora Piedad Córdoba integre la misión
humanitaria para la liberación de los
miembros de la Fuerza Pública en poder
de la guerrilla de las FARC.
Pero no fue sólo esto. La “Casa de
Nari”, haciendo gala del manejo mediático
en la “gran prensa”, denunció las
amenazas contra los hijos del Presidente,
hace pocos días protagonistas de un escándalo
por un negociado aprovechando
las gabelas del poder, que circulan
por Facebook. Hecho repudiable, pero
la misma situación la viven centenares
de colombianos, entre ellos la senadora
Piedad Córdoba, contra quien se vomita
fuego por internet y por los participantes
de los blog de periódicos y medios
de comunicación en la más completa
impunidad y tolerancia de sus administradores.
El apresurado anuncio presidencial
se despachó de forma ligera en el apetito
mediático, sin digerirlo y analizarlo en
sus reales implicaciones. De nuevo los
familiares de los retenidos fueron ilusionados
con la pronta liberación de oficiales
y suboficiales con largos años de
cautiverio. Aunque es un paso adelante,
pues supera el inamovible de la presencia
de “Colombianos y Colombianas
por la Paz” en la misión humanitaria para
traer a la libertad a los uniformados
que entreguen las FARC por decisión
unilateral y en gesto de buena voluntad,
aún tiene limitaciones.
La primera, que de manera perentoria
exige la entrega de todos, sin
el llamado cuenta gotas de las entregas
parciales, lo cual prolongaría, aún
más, la libertad del cabo Pablo Emilio
Moncayo, anunciada hace tres meses,
y que incluye desde hace pocos días a
un soldado profesional. Ambos tienen
la “boleta de libertad” en el bolsillo y
sería injusto prolongar su cautiverio.
Es algo que no aclara la decisión presidencial.
La segunda, que exige la libertad
de todos, sin que medie una negociación
entre las partes, en el entendido
que las FARC siempre han hablado
de canje humanitario. En estos casos
tan complejos hay que actuar con realismo
y sin protagonismo mediático, a
sabiendas de que se toma un tiempo ganar
la voluntad de las partes. Menos aun
se deben tender inconvenientes cortinas
de humo.
VOZ
|
|
|
|
|
|