Déficit de guerra
por Alvaro Vázquez del Real
Wednesday, Jul. 15, 2009 at 9:03 AM
La práctica incesante de la política
guerrerista del modelo actual de
Gobierno, ha conducido a un déficit fiscal
que se agrava cada día. El militarismo
parasitario devora la riqueza nacional
y empobrece al país en forma acelerada.
Los gastos de la Fuerza Pública
hoy se tragan más de la quinta parte del
presupuesto oficial y tienen la tendencia
a seguir creciendo mientras continúe
este tipo de poder que tiene como única
obsesión el crecimiento del conflicto, rechazando
toda posibilidad de una solución
política negociada de éste.
Luego de la crisis financiera de 1999
a 2002, la economía colombiana entró
en una etapa de expansión del ciclo, en
correspondencia con el mercado capitalista,
el cual coincidió con la etapa del
gobierno derechista de Uribe. Este contó
el cuento de que el crecimiento capitalista
se debía a la aplicación de su lema
de la “seguridad democrática”. Mentira
que le sirvió tanto para justificar su obsesión
de derrotar militarmente a la insurgencia
y justificar los monstruosos
gastos de guerra, como para engordar
las ganancias de los sectores más insaciables
de la clase dominante, particularmente
los especuladores de las finanzas
y los monopolios de la tierra.
Con cierta razón, representantes de
la propia burguesía vienen criticando
por estos días el derroche de los altos
ingresos de que ha gozado el Estado en
la llamada “época de las vacas gordas”.
Hasta el punto que ahora, con la destorcida
de la recesión, el Gobierno no
tiene margen de maniobra para enfrentar
la crisis. Y ha preferido esconder ésta,
declararse “blindada” contra sus efectos,
hasta llegar al extremo de desconocer
las clasificaciones del propio sistema
de análisis internacional.
Tal como lo hemos señalado antes,
ahora se propone una reforma tributaria
para intensificar el ritmo de la práctica
guerrerista y la prolongación de un
conflicto que tendría otras vías de solución
por el lado de la negociación política y la
paz democrática. Pero lo complicado para
el grupo uribista es que ni siquiera los empresarios
más poderosos están dispuestos
a renunciar a las prebendas con que Uribe
los ha amamantado. No es casual que sea
el banquero Sarmiento Angulo quien está
exigiendo que se les rebaje el impuesto
de guerra. Y los jefes de los gremios
rechazan las tibias propuestas de reducir
las deducciones y exclusiones de impuestos
de que han gozado en estos años
y que se calculan en más de siete billones
de pesos anuales.
Por eso no es de extrañar el desfile de
los que comienzan a abandonar el barco
de la segunda reelección de Uribe. Y que
empiecen a barajar combinaciones que les
aseguren la perpetuación de sus privilegios
financieros y fiscales. Para nosotros,
desde la orilla democrática, lo esencial es
que mientras persista en el poder la ralea
de la derecha – con o sin Uribe – no podremos
lograr el verdadero cambio que
necesita la sociedad colombiana para colocarse
al nivel de los avances políticos y
sociales de América Latina.